BAILE


La Biblioteca Nacional expone por primera vez sus
fondos de danza


Roger Salas, Madrid
22/02/2011

La colección de materiales bibliográficos sobre danza de la Biblioteca Nacional se encuentra entre una de las mejores del mundo. Es uno de sus muchos tesoros que se mantienen por lo general en la sombra y solamente de vez en cuando son alumbrados por el interés de unos pocos investigadores del ramo. Libros, tratados técnicos, manuscritos, grabados y partituras conforman un extenso patrimonio que abarca varios siglos y de los que esta muestra es un lujoso avance.

Libros de danza en la BNE: De la Gallarda al Vals se ha inaugurado estos días en la Sala de las Musas del Museo de la propia Biblioteca y permanecerá abierta hasta el 8 de mayo. La mayoría de los materiales expuestos proceden de la antigua Biblioteca Real y de la colección que formó Francisco Asenjo Barbieri (1823-1894), compositor, musicólogo y bibliófilo, hijo y nieto de bailarines, incisivo estudioso del ballet de su época, que a su muerte legó a la institución su extraordinaria biblioteca personal.

Se dice tanto desde la antropología como desde la historia del arte que desde los orígenes de la Humanidad el hombre ha bailado inspirado por los más variados impulsos, desde los religiosos a las celebraciones bélicas, por el simple hecho festivo de la danza en sí misma a manifestaciones emocionales de calado más profundo, un proceso dinámico y constante que llega hasta hoy y las expresiones contemporáneas, donde se sigue generando en paralelo una literatura testimonial de gran valor, hoy día respaldada por soportes como la fotografía, el cine y el vídeo.

La danza y la música escrita a propósito para acompañar el hecho artístico bailado han estado siempre presentes en todas las sociedades, aunque en algunos momentos lo han hecho de forma más intensa, como en el caso particular de de las sociedades europeas de los siglos XVI al XIX, donde la expresión de la danza y su exaltación llegó a parangonarse a las demás artes, tuvo sus momentos de auge y popularización hasta convertirse en una obsesión colectiva, mientras se establecía como un ingrediente imprescindible de la educación cortesana, su boato o su ostentación. Son los tiempos en que proliferaron los maestros de danza, con sus apasionantes vidas itinerantes, las primeras escuelas que permiten alumbrar los estilos del futuro de la danza culta y de que estos libros, atesorados y muchas veces editados bajo el auspicio de la nobleza y la alta burguesía, se convirtieron en un preciado objeto de consumo sociocultural.

La danza folclórica

Paralelamente al discurso de la danza culta y su desarrollo (que muchas veces estilizaba y refundía metros populares), la danza llamada folclórica se proveía de un enorme legado oral que pasaba también a los tratados. Ese suministro y trasvase de elementos formales entre danza popular y danza culta, con la complejidad de nuevas formas coreográficas y estilos, verifican su asentamiento en la literatura de danza, un largo y cadencioso proceso que pasa desde la danza propiamente cortesana a la danza teatral y al nacimiento del ballet.

Uno de los mayores alicientes de esta exposición es acercarse a la Coreología, los distintos intentos de escribir la coreografía, de dejar escrito su desarrollo tal como se hace con la lectura musical. Desde antiguo, ha habido multitud de esfuerzos, muchos de ellos olvidados o infructuosos, de escribir la danza, algunos acudiendo a la escritura pentagramática y otros a través de figuraciones simbólicas o de dibujo. Entre las piezas expuestas están los grabados testimoniales del alemán Heinrich Aldegrever, que ponen de manifiesto la internacionalización de las modas cortesanas francesas en la Alemania del siglo XVI.

Se expone Nuove inventioni di balli, de Cesare Negri (ca. 1535-1615), se decía el bailarín más apuesto y elegante de su tiempo, impreso en Milán en 1604 y una muestra de uno de los casos de manual más difundido por todas las cortes europeas. Esta obra estaba dedicada al rey Felipe III de España. En la Biblioteca Nacional están además los otros manuales básicos de la época, como ll ballarino, de Fabritio Caroso da Sermoneta, la Orchésographie, de Thoinot Arbeau, y otras ediciones de esta Nuove inventioni di balli, de Negri. Los especialistas en danzas antiguas pueden reconstruir con estos valiosos libros ilustrados con bastante aproximación bailes como la gallarda, pavana, canaria o villana, cuyas descripciones (y muchas veces sus músicas específicas) vienen acompañando las ilustraciones.

A pesar de las notables diferencias que existen entre algunos de estos manuales, ya se presentan una serie de coincidencias terminológicas que reflejan la realidad naciente de un estilo internacional en la Europa de la segunda mitad del siglo XVI que más tarde daría lugar a la aparición del ballet y su técnica universal.


El maestro de Isabel de Farnesio

Otras joyas para detenerse es el libro de Pierre Rameau (1647-1748), maestro de danza de la princesa Isabel de Farnesio antes de que esta se convirtiera en reina de España. Rameau se interesó por la notación coreológica y a él se le deben una serie de mejoras en el sistema Beauchamp-Feuillet (recogido en la Enciclopedia de Diderot-D'Alambert) que aparecen recogidas en sus manuales Le Maître à danser y Abrégé de la nouvelle méthode dans l'art d'écrire ou de traiter toutes sortes de danses de ville, ambos publicados por primera vez en 1725 y presentes en la colección expuesta. El libro de Rameau fue uno de los más traducidos y plagiados de su tiempo, como la del inglés Kellom Tomlinson (c.1690-1753?): The art of dancing: demostrated by characters and figures (Londres, 1744), que es uno de los más bellos manuales de danza conocidos y sus primorosos grabados consiguen la máxima eficacia en la explicación de los bailes.

Ya en el terreno de la danza española y sus influencias está expuesta también la colección de boleras de José Melchor Gomis (1791-1836), de 1827, editado en París y demostrativo de la vigencia y divulgación de los bailes españoles de entonces.

La entrada a la exposición es libre y puede consultarse una visita virtual, un detallado folleto con las fichas de las piezas y acceder a visitas guiadas en la web de la BNE.


El hombre ha bailado inspirado por los más variados impulsos, desde los religiosos a las celebraciones bélicas


Uno de los alicientes de la exposición es acercarse a la Coreología, los distintos intentos de escribir la coreografíawww.elpais.com/


Hacerse famoso en el mundo de la moda no es difícil. Pero que ese éxito perdure (y se incremente) a través de los años es lo realmente complicado y lo que distingue a los genios de los one-hit wonders.

Tal es el caso de Christian Dior. Vistió a las mujeres más glamorosas del mundo -desde Grace Kelly, Ava Gardner y Marlene Dietrich hasta la Princesa Margarita y la Duquesa de Windsor-, creó una marca a partir de su nombre -que lo sobrevive y lo recuerda a 54 años de su muerte-, y cuyos diseños se encuentran hoy en el top ten de la moda mundial.

Además, consagró el New Look, un estilo cuyas siluetas perduran hasta las pasarelas actuales. Su fama creció después de la segunda Guerra Mundial en Francia, pero fue en Estados Unidos, ayudado por la editora de Harper´s Bazaar, Carmel Snow, donde terminó de conquistar (y aportarle su toque de elegancia francesa) al planeta.

Por eso -y como los libros y la moda siempre se han llevado bien, aún más si vienen en tamaño de coffee table book-, Assouline lanza American Dior un libro con la historia de Christian Dior en Estados Unidos, con textos e imágenes inéditas.

Hay dos ediciones, la sencilla, y una limitada a 100 ejemplares hechos a mano y con estuche, por 7,950 pesos. La puedes conseguir a partir de febrero en la Librería Assouline, Casa Palacio, Hotel Brick y Saks Fifth Avenue México.

www.Gatopardo.com/
Una red de satélites dará Internet
de bajo coste a media humanidad


Rosario G. Gómez, Madrid
19/02/2011

Internet se prepara para dar el gran salto a los países pobres. Una red de tecnología avanzada y de envergadura planetaria ofrecerá cobertura de banda ancha a unos 3.000 millones de personas. Bautizado como O3b Networks (Other 3 billion, otros 3.000 millones, la mitad de la población mundial), el proyecto para conseguir un Internet global se basa en el lanzamiento de una constelación de satélites en órbita ecuatorial que llevarán la señal desde Nicaragua hasta Nueva Zelanda, pasando por Brasil, Nigeria, Siria, Etiopía o India.

En 2010 se calcula que unos 2.000 millones de personas tenían conexión a la Red. Pero una gran parte de la población internauta se concentra en América del Norte, Europa y Japón. El Sur vive de espaldas a la Red. El sistema para recortar la brecha digital consiste en llevar a los países emergentes o en vías de desarrollo que todavía no han entrado en la sociedad de la información grandes canutos troncales de Internet a través de satélites.

Los primeros ocho artefactos se lanzarán en 2013. Una sucesión de antenas activas irá atrapando la señal de un satélite a otro y una red de telepuertos instalados en distintos puntos del planeta permitirá bajar esos gigantescos canutos de Internet a distintas zonas del planeta.

Uno de esos telepuertos estará ubicado en el sur de España (previsiblemente en Andalucía), desde donde se canalizará la distribución de la señal hacia buena parte del continente africano. Otras bases se instalarán en las islas del Pacífico, América del Norte y del Sur, el Mediterráneo oriental, Oriente Próximo y Australia.

Después serán los operadores de telecomunicaciones locales los que redistribuirán la señal a los usuarios, un proceso que se llevará a cabo, en la mayoría de los casos, mediante redes inalámbricas (Wimax o 4G, por ejemplo). Las cotas de cobertura de banda ancha a través de cable o ADSL en África o Latinoamérica están poco desarrolladas.

Abrir zanjas para trazar cableados a través de la selva se antoja una misión prácticamente imposible. Y la ineficiente infraestructura de líneas de telefonía fija (en Nigeria cinco de cada cien hogares no tienen acceso al teléfono) hace del satélite el método más eficaz y barato para conectar con la web y hacerlo con la misma calidad que ofrece la fibra óptica.

Con un presupuesto de 1.200 millones de dólares (880 millones de euros), O3b está impulsado por la Sociedad Europea de Satélites (SES), que aporta un 30% de la inversión, el gigante estadounidense de Internet Google, el banco SHBC y Liberty Global, entre otros. Como socio tecnológico, SES -la compañía que explota Astra- lanzará al espacio 20 satélites. Pero a diferencia de los que se utilizan, por ejemplo, para distribuir canales de televisión en Europa, no estarán situados en órbita geoestacionaria (a 36.000 kilómetros de altura) sino a 8.063, lo que les permitirá ganar en velocidad de transmisión al estar cuatro veces más cerca de la Tierra.

En los satélites de comunicaciones tradicionales, la señal tarda en subir y bajar unos 0,5 segundos. Con el sistema diseñado por O3b, que sitúa los satélites en una órbita intermedia, la latencia se reduce a 0,1 segundos. Esta nueva generación permitirá conexiones más rápidas y flexibles. Prestará servicio tanto a los operadores de telecomunicaciones, como a los proveedores de servicios de Internet.

O3b permitirá recortar la brecha digital entre un Norte acostumbrado ya a coexistir con el iPhone, el iPad y las tabletas electrónicas y un Sur que vive al margen de las tecnologías de la información y la comunicación. "No tener acceso a banda ancha tiene consecuencias económicas y sociales", dice José Luis Gárate, director de desarrollo de Negocio de Astra. "La gran ventaja del satélite es la cobertura y la simultaneidad. Puede llevar señal a miles de millones de personas. Es la única infraestructura que cubre el territorio de manera homogénea y con la misma calidad de servicio", explica Gárate.

Fundada por Greg Wyler, O3b puede hacer posible que millones de personas de más de 150 países emergentes entren en el mundo digital y se conecten, a bajo coste y alta velocidad con el resto del mundo. El sueño del Internet global.

Con parabólica y sin censura
Además de participar en el proyecto O3b como socio tecnológico, Astra ha desarrollado su propio sistema para llevar banda ancha por satélite a Europa, África subsahariana y Oriente Próximo. A través del sistema Astra 2 Connect el operador europeo utiliza la llamada banda Ku, que es capaz de llevar la señal directamente al usuario.

Para acceder a Internet mediante este sistema se necesita una antena parabólica y un módem, equipamiento que ronda los 300 euros, una cantidad demasiado elevada para las economías medias del continente africano. Por eso este tipo de redes están siendo utilizadas preferentemente por hospitales, ONG y organismos gubernamentales.

El Astra 2 Connect está operativo en países como Costa de Marfil, Angola, Sudán, Tanzania, Kenia o Somalia. "Desde Los Monegros o desde Guinea Ecuatorial, los usuarios tienen un acceso transparente a Internet", explica Astra. En este caso no es necesario que un operador nacional entre en juego para redistribuir la señal.

Esta tecnología proporciona conexiones de banda ancha sin restricciones, ya que no se ve afectada por las limitaciones de las redes terrestres. Al no depender de ningún operador local, se podrían sortear incluso los bloqueos de Internet que intentaran aplicar los Gobiernos de turno. "Sería muy complicado establecer procesos de censura. Estaría solo en nuestras manos, y eso nunca lo haríamos", dice Astra.

La compañía tiene previsto utilizar próximamente para estos servicios la banda Ka, que permitirá ampliar la cantidad de usuarios que puede engancharse a la Red y, al mismo tiempo, aumentar la velocidad del servicio. Las velocidades más lentas son convenientes para mensajes de correo electrónico, navegación web o intercambio de documentos de negocios, mientras que los archivos de vídeos necesitan más capacidad.


El desequilibrio digital

- Cada segundo se envían alrededor de tres millones de correos electrónicos en todo el mundo.

- El año pasado, 2.000 millones de personas contaban con conexión a Internet. La mayor parte de los usuarios se concentra en los países desarrollados. En el continente africano solo existe una conexión por cada mil ordenadores.

- En Corea del Sur la velocidad de conexión media es de 17 megas por segundo. En las islas Cook se puede tardar hasta 10 minutos en enviar un simple e-mail.

- El 80% de los alumnos de Estados Unidos cuentan con un ordenador como apoyo en su educación. En Brasil únicamente hay conexión a Internet en uno de cada diez colegios.

- Todos los hogares de Andorra tienen acceso a fibra óptica. En Nigeria, el 95% no tienen siquiera línea de teléfono.

- El flujo diario de SMS supera el número de habitantes del planeta (más de 6.000 millones), pero todavía hay un 20% del territorio sin acceso a señal de telefonía móvil.

- Aunque los mercados emergentes son cada vez más influyentes en la economía global, en muchos de estos lugares hay deficiencias para acceder a la sociedad de la información.


Se lanzarán 20 satélites que se colocarán en órbita ecuatorial

El proyecto costará 880 millones de euros y empezará a funcionar en 2013
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LIBRO - Entrevista

Gordon Lish - EPIGRAFE

"Cargo las pistolas para demostrar que tengo razón"

Andréa Aguilar
22.02.2011

Heterodoxo y rebelde, el autor y editor publica Epígrafe. Desde su casa en Nueva York, da una lección sobre dos caras del mundo literario


Su temeraria pluma se hizo famosa más por tachar que por escribir. Pero Gordon Lish (Hewlett, Nueva York, 1934), el controvertido editor de Raymond Carver, que ha trabajado entre otros con Cynthia Ozick, Don DeLillo o David Leavitt, ha publicado bajo su nombre desde mediados de los ochenta media docena de libros. El año pasado llegó a España Perú, la historia del asesinato de un niño en un cajón de arena a manos de otro crío, llamado Gordon. Ahora aparece Epígrafe, novela epistolar en la que un viudo, en pleno desvarío, se despacha con los miembros de la orden religiosa que cuidaron de su esposa. El protagonista también lleva su nombre.

Lish vive en el Upper East Side de Nueva York. Su apartamento tiene un aire misterioso con suelos de tarima, luces bajas, muebles de madera oscura, una chimenea con velas en lugar de leños, cortinas dobles, sofá de terciopelo y un butacón de madera tapizado en petit-point como el tresillo que está junto a la pared. Apenas diez minutos después de haber cruzado el umbral de su puerta ya ha mencionado a un par de escritores: John Updike y Nicholson Baker, ambos aquejados de psoriasis, como él mismo. Dice que esta enfermedad ha marcado su vida. Pasó gran parte de su infancia en Florida, a la caza de radiación solar, y en la adolescencia se sometió a un tratamiento experimental con corticoides. De resultas tuvo un episodio maniaco y acabó en el manicomio, donde conoció al poeta y editor Hayden Carruth. Él le entregó un ejemplar del Partisan Review, "para ver si entre las frases encontraba alguna idea". Fue un punto de inflexión. Se instaló en California, donde creó las revistas Chrysalis Review y Genesis West con el poco dinero que ganaba enseñando en una escuela. Trabó amistad con Neal Cassady y el grupo beatnik. Nombró editor de poesía a Jack Gilbert y luego le despidió por enviar desagradables cartas de rechazo -"yo era un hombre joven y aquello me pareció innecesario; por supuesto, acabé haciendo exactamente lo mismo cuando estaba en Esquire"-. Aquello fue en los sesenta, antes de que diera el salto a Knopf y de que un artículo de Vanity Fair le bautizara como Capitán Ficción.

Sentado en su salón, el heterodoxo Lish, de espíritu rebelde y pasado beat, parece atrapado en un escenario victoriano. Es un punk de más de setenta y sin cresta que exuda inconformismo. Cuenta que le echaron del colegio y de todos los trabajos que ha tenido, como editor y también como profesor -"enseñar se me da muy bien, puedo dar clases de cuatro horas sin que nadie se mueva...

"-. Ágil conversador, torrencial e irónico, encadena anécdotas: sobre una cena que reventó en casa de Norman Mailer o una conversación telefónica con Salinger. Carga contra el canon pero se define como un romántico que aún cree en la trascendencia de la literatura y en que los excluidos algún día serán reconocidos. Cuenta que a menudo discute con una amiga nonagenaria sobre qué único cuadro o libro elegiría. "Ella dice que elegir uno solo es una tontería, pero así es como yo he concebido mi vida: no vale decir que quieres varios o ninguno, solo puedes colocar una cosa. Decide. Punto". Al hablar de la edición habla del bricoleur de Lévi-Strauss y la chora de Derrida. Se refiere a su trabajo como novelista con modestia -"se trata de juegos sintácticos, no soy realmente escritor, los libros han sido una forma de salirme con la mía"- y envidia la capacidad que grandes autores tienen para colocarse por encima de la falsedad que él detecta en el acto de la escritura. "Ellos pueden vivir con ello, yo necesito decir que todo es mentira".

PREGUNTA. ¿Por qué decidió escribir?

RESPUESTA. Siempre he escrito, desde pequeño. Paré cuando tenía 22 o 23 porque me rechazaron un cuento. Luego escribí dos novelas fruto de mi experiencia en el loquero. Una se llamaba Oda a la locura -¡Dios, hasta los títulos son vergonzosos...!-. Iban a ser publicadas pero no quise hacerlo por mis padres. No volví hasta que tenía 45 o 46 años para mantener a la familia, a las exmujeres, esas cosas.

P. Su primer libro,

Dear Mr. Capote, era una carta, un género que retomó con Epígrafe.

R. Originalmente, eran dos cartas, una dirigida a Capote y otra a Norman Mailer, y la segunda daba la vuelta al texto. Era algo ingenioso, pero a mi editor y a mi agente les pareció demasiado. Presionaron para que lo quitara y cedí. No debí haberlo hecho, era mejor el original, al menos era defendible.

P. ¿Defendible? ¿Habría aceptado este argumento como editor?

R. ¡No! Nunca cedo terreno.

P. ¿Qué hace a un buen escritor? ¿Y a un buen editor?

R. Como cualquier otra cosa en la vida, se trata de convicción. Tienes que estar dispuesto a jugártelo todo. Debes buscar el riesgo en la medida en que puedas. ¿Hay o no música en las frases?

P. ¿Es la misma receta para ambos?

R. Cuando se edita el trabajo de otro ¿qué música buscas escuchar, la tuya o la suya? El texto es como un cuerpo y la relación que tienes con él como editor o escritor debe ser entendida como una relación social. El único criterio son los arrestos, el volumen, la pervivencia de la canción. Uno quiere sacar de cualquier acto de la vida eso que necesariamente merece ser perpetuado.

P. ¿Cuál ha sido la mejor lección que ha recibido como editor?

R. No he tenido ningún respeto por los editores, pero mi jefe en Esquire me enseñó a ser temerario. Nunca he sido un buen estudiante, esa es una de mis cualidades. No aprendí de mis padres, ni de mis amantes, ni de mis amigos, que son bastante inteligentes, gente como DeLillo o James D. Watson, el premio Nobel.

P. ¿Basta con la experiencia?

R. En realidad, se trata de darse permiso a uno mismo para editar y ponerse al cargo.

P. ¿Sin miramientos?

R. La cuestión de los modales está completamente fuera de lugar, no está en mi registro. Simplemente, emito mi juicio, que proviene de un sentido, de una sensación y soy inflexible. Es una competición: el poder de mi personalidad frente al tuyo. Algo completamente criminal, pero es que creo que la conducta humana lo es mayormente. Las relaciones entre escritores y editores no son una categoría en sí mismas. ¿Hay igualdad? Realmente, no lo veo posible.

P. ¿Por qué escribe libros de cartas?

R. Las cartas son fáciles. Puedo reconocer lo que es una buena novela en un instante. Y arreglar las estructuras o reconocer el genio en el trabajo, pero en mis escritos no sé hacerlo, no puedo copiar o imitar.

P. Pero imitó a J. D. Salinger.

R. Cuando estaba en Esquire publicamos el cuento For Rupert, with no promises y no iba firmado. La revista se agotó. La gente pensó que lo había escrito Salinger o Cheever o Updike. Luego se descubrió que había sido yo. Lo hice como un homenaje, y Salinger consideró que era algo despreciable.

Lish cuenta que se sintió herido. Más adelante escribió otro cuento, con cierto resentimiento, For Jerome, with love and kisses, una parodia de For Esme, with love and squalor con el que ganó el Premio O. Henry.

P. ¿Cómo habría editado a Salinger?

R. No habría cambiado ni una coma. Es un prodigio. Su vida me parece fascinante.

P. ¿Su espíritu rebelde?

R. No, es el misterio. Mi hija mayor fue compañera de clase de aquella chica que vivió con él, Joyce Maynard. Uno se pregunta cómo pudo Salinger someterse a semejante ser humano y no haber visto la esencia. A Holden Caufield no se le habría escapado. Cabe pensar si en los primeros textos que publicó esta joven y que llamaron la atención de Salinger ya estaba la semilla de lo cutre y lo mediocre.

P. ¿Ha sentido inseguridad como escritor por su celo de editor?

R. Si fuese capaz de crear cosas como las que escriben DeLillo o McCarthy no creo que insistiera tanto en corregir. Lo que me puso en marcha fue la idea de posar primero como persona literaria y luego como escritor.

P. ¿Tomar una posición o estar en la oposición?

R. Probablemente esto último. Sobreviví a mi primer matrimonio ocho años y al segundo 31, así que no he sido completamente contrario a todo. Pero si estoy en un contexto social suelo decir lo contrario que el resto, ¿es algo auténtico?... Normalmente cargo las pistolas para demostrar que tengo razón. Esta visión tan presuntuosa aumenta el deseo de actuar como un editor draconiano.

P. Sus libros destilan violencia.

R. Don DeLillo una vez me dijo que si no escribiéramos tiraríamos bombas. El asesinato es un tema que me absorbe bastante. Mis hijos lo han notado y esto no me hace sentir orgulloso. En Perú intento reflexionar sobre la complicidad de la víctima, que tiene que ver con tomar parte en tu propia destrucción.

P. ¿Por qué usó su nombre y el de su mujer en

Epígrafe?

R. El libro no hubiera existido sin la enfermedad de mi esposa, una esclerosis amiotrófica. Meter nuestros nombres subía las expectativas, convertía la escritura en una acción mucho más excitante.

P. En

Perú también usó su nombre.

R. No puedo escribir objetivamente. ¿Quizá por qué soy demasiado protagonista? ¿Por mi solipsismo? Pues sí.

La conversación se interrumpe por una llamada. Lish no tiene correo electrónico (usa postales que encarga para que le lleguen a su domicilio y el teléfono). Habla asomado al salón y dice al aparato que, aunque el año pasado dijo que nunca más lo haría, acepta volver a impartir un curso de escritura.

P. ¿Qué necesitan aprender los escritores?

R. Que lo que hacen importa.

P. ¿Cómo son los estudiantes hoy en día?

R. No quieren ser amateurs. ¡Contratan publicistas! Siento que soy el cazador entre el centeno que impedirá que esos chicos se conviertan en un producto.

"Siento que soy el cazador entre el centeno que impedirá que esos chicos (los jóvenes escritores) se conviertan en un producto"

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"Operazione San Gennaro"

In mostra il tesoro del santo

Per la prima volta dall'8 aprile saranno esposte a Napoli le 15 mila gemme che neppure la camorra osa toccare

Michela Tamburrino
22.02.2011
Foto - In mostra 15 mila gemme studiate per tre anni dai maggiori esperti italiani nei caveau del Banco di Napoli



Questa è la storia del Tesoro di San Gennaro. No, questa è la storia di Napoli e della fede dei napoletani nel santo miracoloso. Meglio, è la storia incredibile dell’amore viscerale di un popolo per il suo protettore, la sua unica àncora di salvezza, l’ultima spiaggia quando incombe la sciagura. È la storia di uno straordinario tesoro rimasto protetto nei caveau del Banco di Napoli per secoli, pezzi di un pregio e di una rarità che sminuiscono il valore dei gioielli della corona inglese e dei preziosi dello Zar. Anzi, talmente è alta la loro rilevanza di opere d’arte, che un misero conto economico servirebbe solo a svilirli e mai a restituirne l’esatta portata. Ora andranno in mostra, a Napoli, dall’8 aprile presso il Museo del Tesoro di San Gennaro per poi allargarsi a musei satelliti della città così da creare un’aura di bellezza a maggior gloria del santo, celebrato, insieme con i suoi 54 santi gregari, solo in un fantastico film del 1966, Operazione San Gennaro di Dino Risi con Totò, Manfredi e una conturbante Senta Berger, la pupa della gang scalcagnata che ruba il tesoro.

Nessuno mai, nella realtà, ha osato tanto ai danni di un santo che vanta 35 milioni di fedeli nel mondo, un po’ perché i pezzi più pregiati, comprese «le dieci meraviglie» d’oro e pietre preziose, erano appunto conservati in banca, un po’ perché sarebbe assurdo per un napoletano rubare ciò che è già suo. Sì, perché il tesoro (21.610 capolavori complessivi) non appartiene alla Curia ma appunto alla città, come stabilito per atto notarile. Correva l’anno 1527 e su Napoli si abbatterono tre flagelli all’unisono: la guerra Francia-Spagna che in parte li riguardava, l’eruzione del Vesuvio con annessi terremoti potenti quanto quello che ha distrutto L’Aquila, e la peste che contò 250 mila vittime. I napoletani sopraffatti dalla disgrazia fecero un voto e per certificarne la validità si rivolsero a un notaio: se il santo li avesse salvati, i napoletani avrebbero costruito una nuova cappella a lui dedicata.

E il santo rispose. Per il tesoro e per la cappella fu istituito un «assessorato», una Deputazione addetta alla manutenzione del patrono e sue pertinenze, esistente tutt’oggi, composta dai discendenti delle undici famiglie nobili che la costituirono più elementi del popolo. E grazie a loro resta il valore enorme, dato anche dalla perfetta conservazione dei pezzi, rari, perché come ricorda il professor Paolo Iorio, direttore del Museo e organizzatore della mostra, «qui non si tratta di ex voto, di cianfrusaglie, bensì di doni che nei secoli regnanti e illustri personaggi fecero a San Gennaro. Il primo, busto d’argento e gemme datato 1305, fu un regalo di Carlo d’Angiò, l’ultimo, una pisside d’oro, corallo e malachite datata 1931, venne da Umberto II di Savoia. Va da sé che il lignaggio dell’offerente era a garanzia del pregio dell’opera stessa. Comunque, la Deputazione vagliava pronta a rifiutare, con grave disdoro per l’offerente, l’opera non ritenuta all’altezza».

Ma chi poteva prendersi la briga di inventariare tanto splendore? I dieci uomini (e donne) d’oro, i più grandi gemmologi nazionali, capitanati da Ciro Paolillo, professore alla Sapienza di Roma: «Siamo rimasti chiusi nel caveau per tre anni a studiare e catalogare 15 mila gemme con tecniche investigative. Attraverso i colori e le inclusioni, abbiamo scoperto la loro origine e il loro donatore, un lavoro unico nel suo genere che ci ha portato anche a scoperte gemmologiche importanti. Per confezionare la Mitra furono impegnati 20 mila ducati, quando la spesa della sanità campana, in epoca di peste, non superava i 650 ducati. E oggi quasi come allora, con l’immondizia e la crisi, ci piace pensare che San Gennaro, omaggiato con la mostra napoletana più importante del secolo, possa sentirsi grato». E possa aiutare.

Nessuno mai osò profanare il tesoro. Persino la camorra, per bocca di un boss locale di peso, ha assicurato la sua neutralità all’organizzatore del museo, più morto che vivo dalla paura di vederselo davanti: «È venuto, ha fatto il giro del museo, si è informato e poi ha detto: “Qui davanti giocavo da bambino, nessuno toccherà il santo e quanto è suo”». Giusto per scoraggiare malintenzionati non indigeni, si è pensato a misure di sicurezza a prova di scasso, ma anche loro, i sette uomini d’oro, non temono assalti: «Ci siamo sentiti, non senza brividi, in un’extraterritorialità protetta per tutto il tempo del nostro lavoro, il taxi che non si faceva pagare, il posto sempre libero ovunque volessimo andare».

Tutto parte in epoca di guerra, dal camorrista «’O Re di Poggioreale» (cui si ispirò Risi per il personaggio di Manfredi), l’unico capace di farsi restituire il tesoro momentaneamente portato in Vaticano per paura dei bombardamenti e che poi i prelati non volevano restituire adducendo motivi di sicurezza. Lui ci riuscì, e dopo essere sparito per mesi e aver fatto pensare al peggio, lo restituì platealmente in piazza il 21 gennaio ’47. Fu portato in trionfo.

http://www.stampa.it/
Martin Heidegger


Pensamientos poéticos


Cecilia Dreymüller
22/02/2011

Pensamiento. Para los iniciados en la filosofía de Martin Heidegger no es ningún secreto que la poesía ocupa un lugar central en el desarrollo del pensamiento del filósofo alemán. "La realidad de verdad del hombre es, en su fondo, poética", postula en Hölderlin y la esencia de la poesía. Pero Heidegger no sólo era un formidable estudioso de poesía. Como revela la publicación de los Pensamientos poéticos -en esta cuidada edición, con una traducción transparente, fluida y bien razonada en las notas finales-, él mismo la cultivaba en sus apuntes personales. Y lo hacía, como prueba la seca, aforística y cifrada dicción de sus textos poéticos, sólo excepcionalmente como medio de elucubración improvisada o expresión íntima de sentimientos (si bien esta edición incluye también cartas y poemas algo tontorrones del enamorado a su novia). Los Pensamientos poéticos, recopilados y entregados como regalo a su esposa recogen la esencia de la filosofía de Heidegger y constituyen un complemento importante de su trabajo destinado al público. "Pensar es servir: / el poetizar sin imagen: / silenciar, diciendo / la falta propia de la diferencia del ser / en el radiante escondimiento". La poesía se presenta como instrumento idóneo para librar el pensamiento de la carga superflua de las palabras. El ideal de Heidegger es volver a un hablar antiguo que se asemeja a las sentencias de los filósofos griegos. Y especialmente en la segunda parte, 'Desde la experiencia del ser', se acerca mucho a este ideal, rodeando sus temas favoritos en círculos concéntricos de poemas breves: "Más decisivo / que una 'fe' precipitada / y que proporcionarse un dios / acostumbrado que pueda servir / como apoyo inmediato, sigue siendo aún / la disposición a la diferencia del ser". Un inestimable breviario filosófico.


Pensamientos poéticos
Martin Heidegger
Traducción de Alberto Ciria
Herder. Barcelona 2010
470 páginas. 32 euros

http://www.elpais.es/

CINE


Hacia un cine coreográfico


Cisne negro, de Darren Aronofsky y con Natalie Portman, es un sofisticado ejercicio de terror sobre El lago de los cisnes. Wim Wenders estrena en Berlín su filme sobre Pina Bausch en 3D

Omar Khan
22/02/2011
Foto - Cisne Negro –Darren Aronofsky



Hace ya diez años, una película curiosa e inusual retaba la sensibilidad de miles de espectadores en el planeta. Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000) reblandecía corazones duros con una historia que desdeñaba todos los clichés de las películas de danza al uso insertándose dentro de la contundente corriente británica de cine social puesta en boga por creadores como Ken Loach o Mike Leigh, y llevada a los extremos de la popularidad por la ácida comedia Full Monty (Peter Cattaneo, 1997). La ingeniosa y emocionante historia de un adolescente que quiere bailar, siendo el hijo de un obrero en un deprimido barrio británico, huía con su original enfoque del manido relato acerca de los sufrimientos que conlleva la danza para ubicarse, mucho antes, en el terreno de la ilusión y la lucha contra los elementos que debe entablar un chico, bailarín improbable, que se siente llamado por la danza.





El secreto de Billy Elliot radicaba en que no era explícitamente lo que conocemos como una película de danza. Tampoco era un musical, aunque años más tarde fuera adaptada para los escenarios del West End londinense, donde todavía se puede ver. Era más bien una historia de la vida, en la que la danza tenía cierto protagonismo y servía como desencadenante de las acciones. Es exactamente lo mismo que le sucede a Cisne negro, que se estrena el próximo viernes y que aunque se ubica en las antípodas de Billy Elliot, coincide en que se despliega desde un género cinematográfico que le parece ajeno. Porque la nueva película de Darren Aronofsky, cineasta ya inquieto que propinó títulos de indudable interés como la enigmática Pi o la desasosegante Requiem for a Dream, es un sofisticado ejercicio de cine de terror que, casi rozando el gore, intenta hacerse preguntas inesperadas, impertinentes y oscuras acerca de El lago de los cisnes, probablemente el ballet más famoso de la historia, mil veces calificado como bello. Sin embargo, no es tan bello desde la óptica del joven cineasta norteamericano que se fija obsesivo en la dualidad de la protagonista e intenta decirnos que detrás del bondadoso y sacrificado cisne blanco, siempre está agazapado y al acecho un cisne negro, el bicho oscuro que todos llevamos dentro. Lo ilustra con el dilema de una bailarina, interpretada con acierto por Natalie Portman, que consigue hacerse con el papel central de la producción de El lago de los cisnes en la compañía en la que lleva años esforzándose. Es perfecta, en técnica e interpretación, para el cisne blanco pero no puede con el negro. Acosada por una madre obsesiva (Barbara Hershey), instigada por un coreógrafo histérico (Vincent Cassell a la manera Diaghilev) y amenazada por una nueva compañera de trabajo (Mila Kunis), se lanza a buscar en su propia interioridad su lado más oscuro. Y no tarda demasiado en dar con él. Tensa y claustrofóbica, inquietante y perturbadora, Cisne negro intenta cimentar y propiciar una nueva relación entre danza y cine, al menos una diferente, una que no es esclava de los códigos del musical.

Cisne negro y Billy Elliot son notorias porque suponen intentos del cine masivo por ofrecer alternativas distintas e innovadoras a las posibilidades infinitas que ofrece la danza al cine. No obstante, tampoco son únicas y desde un cine artístico y de autor, más minoritario, lo que va de siglo ofrece un auténtico abanico de innovaciones, que cruza desde el prodigioso filme-ballet canadiense Dracula: Pages of a Virgin Diary (Guy Maddin, 2002, ganadora del Festival de Sitges), una película fascinante que vuelve sobre la historia del célebre vampiro de Bram Stocker convertida no solamente en ballet sino en sofisticado homenaje al cine mudo, hasta la reinvención del género documental que supone la novísima La Danza, categórico título que otorga el destacado realizador Federick Wiseman al resultado de su inmersión durante nueve meses en las entrañas del Ballet de la Ópera de París. Recién estrenada en España esta película también, a su manera, huye de todo convencionalismo en lo que se refiere a documentales de danza. Bajo lo que el mismo autor llama "cine objetivo" aparecen un puñado de secuencias, sin aparente orden ni concierto, sin voz en off que oriente y guíe, sin saber con exactitud quiénes son los que desfilan por pantalla, que van acercando al espectador a lo que ocurre la noche del estreno, lo que pasa en los ensayos y oficinas, lo que hay tras el telón, lo que hay delante y lo que hay a los lados. Las reuniones secretas, el movimiento en taquilla, los fanáticos, las galas benéficas de suculentas cenas y las comidas descoloridas de los bailarines en el comedor. Podría ser un aburrimiento mortal, pero desde el montaje, el realizador va armando con habilidad artesana un retrato fascinante, no siempre complaciente ni deslumbrante, de una de las más grandes compañías de ballet del mundo. Al final, es al espectador al que le toca sacar conclusiones.

La fallecida creadora alemana Pina Bausch (1940- 2009), a quien por cierto vemos trabajando con los bailarines de la Ópera de París en el documental de Wiseman, fue una gran aficionada al cine, siempre creyó en las posibilidades de plasmar su danza en pantalla. Fue actriz a las órdenes de Federico Fellini, en Y la nave va (1983), dejó caer a Almodóvar con su cámara en funciones de sus coreografías Café Muller y Masurca Fogo, para su película Hable con ella (2002), y ella misma fue directora de un filme de danza, El lamento de la emperatriz (1990). En 2008 permitió que la realizadora alemana Anne Linsel hiciera un seguimiento al proceso de montaje de su pieza Kontakthof con una veintena de adolescentes, de donde salió el curioso documental Tänzträume (ambos, la película y el espectáculo han sido vistos en Barcelona recientemente). Pero la vida no le llegó a Pina Bausch para poder ver su más ambiciosa incursión en el cine: el filme experimental Pina que, en homenaje a ella, a su compañía y a su obra, rodó en tecnología 3D el destacado realizador Wim Wenders (El cielo sobre Berlín, Buena Vista Social Club), que se estrena mañana (en competición) en el Festival de Berlín, evento que el año pasado ya acogió el documental de Linsel. Pina promete ser una revolución en cuanto a la relación danza y cine. No solamente por incorporar y permitir la experiencia de la danza en tercera dimensión, un filón todavía virgen, sino por su manera de presentarlo a la audiencia. Rodado en la ciudad alemana de Wuppertal, donde reside la compañía, Wenders ha trasladado fragmentos de sus coreografías más conocidas a exteriores, a escenarios naturales y urbanos, que redimensionan los originales y crean un nuevo ámbito, estrictamente cinematográfico, para esas acciones escénicas, con frecuencia desgarradas y casi siempre poéticas y evocadoras. De forma tal que la entrada de la segunda década del siglo trae con Black Swan, La danza y Pina novedades relevantes en cuanto a la usualmente complicada y no siempre bien comprendida relación que se puede establecer entre danza y cine.

Entretanto, se siguen produciendo películas comerciales que, con mayor o menor tino, siguen de cerca la tradición y parámetros de la "película de danza". Basada en un personaje real, El último bailarín de Mao (Bruce Beresford), recientemente estrenada, encaja perfecta, en tanto que no deja de transitar por manidos tópicos sobre las relaciones entre China y Occidente en general y entre la danza y sus sacrificios en particular. En solitario, pero cada vez más seguro y eficaz, Carlos Saura sigue dándole vueltas a las posibilidades cinematográficas y estéticas del cante y baile en su reciente Flamenco, Flamenco, al tiempo que el Hollywood del glam sigue produciendo, cada vez con más frecuencia, películas propias o basadas en musicales de Broadway, que reafirman la hegemonía norteamericana del musical, género que les pertenece.

Aunque sigue siendo básicamente un cine de fórmula, a inicios de este siglo hubo un repunte importante del género musical en el cine comercial, que de repente también se vio sacudido por el espíritu de la innovación, básicamente con dos películas totalmente diferentes que fueron sonados éxitos masivos: Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001), una extravaganza fuera de cualquier clasificación, y la adaptación al cine del musical de Bob Fosse Chicago (Rob Marshall, 2002) que, con sus seis oscars, abrió la veda del trasvase de los musicales de Broadway a la gran pantalla. Estos repuntes taquilleros fortalecieron un género que parecía dormido y olvidado. Y desde entonces, no han faltado en las carteleras. No importa si fallan como la reciente Burlesque, auténtico cúmulo de tópicos, o las decepciones de taquilla Nine, Mamma mia o Los productores. Ellos siguen adelante siempre aguardando por las nominaciones y soñando con su taquillazo. La prueba fehaciente del resurgir del musical está en que ahora mismo se cuecen en la industria un buen puñado con estrenos previstos para años sucesivos. Entre ellos habría que destacar la superproducción Cleo (2012), en la que un cineasta de envergadura como Steven Soderbergh hace su incursión en el musical convocando a la misma Catherine Zeta-Jones de Chicago, para cantar y bailar como la reina Cleopatra; Damn Yankees, con Jim Carrey y Jake Gyllenhaal; una versión en clave musical de El color púrpura y varios remakes (Ha nacido una estrella, dirigida por Nick Cassavetes, Sunset Boulevard, My Fair Lady, Footloose o The Rocky Horror Picture Show), así como varias adaptaciones de musicales de Broadway, entre los que se encuentran en proceso Los miserables, Miss Saigón, Wicked, Spring Awakening, con coreografía del reputado coreógrafo Bill T. Jones, Jersey Boys, y una nueva vuelta de Yellow Submarine, el musical animado de los Beatles, en una versión también animada y en 3D, que prepara Robert Zemeckis.


Tensa y claustrofóbica, inquietante y perturbadora, 'Cisne negro' intenta propiciar una nueva relación entre danza y cine


Cisne negro, de Darren Aronfosky, se estrena el próximo viernes en España. Pina, de Win Wender, se proyecta mañana en la Berlinale.

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