Memoria histórica para
la literatura
'Derrota y restitución de la modernidad' lanza "una mirada desacomplejada" a los últimos 70 años de las letras y revisa la imagen del exilio, Cela o Barcelona
Carles Geli, Barcelona
23/03/2011
Foto - Juan Ramón Jiménez, María Zambrano, Miguel Delibes, Ana María Matute y Rafael Sánchez Ferlosio, vistos por Sciammarell
La marea de la memoria histórica tenía que llegar algún día también a la literatura. Lo hará mañana con la aparición de Derrota y restitución de la modernidad 1939- 2010, séptimo volumen de la Historia de la literatura española que, bajo la dirección de José-Carlos Mainer, edita Crítica. Los profesores Jordi Gracia y Domingo Ródenas son, tras un trabajo de casi tres años, los titanes artífices de un manual de 1.180 páginas por el que desfilan más de 7.000 referencias (autores, profesores, obras, revistas, instituciones...) al servicio de un novedoso y audaz discurso intelectual que, por vez primera, llega hasta hoy mismo y que escocerá en más de una ocasión tanto por la franja alta como por la baja de la ambiciosa cronología que abarca.
Ponen el acento los autores en que la posible originalidad de su historia reside en sus últimos 40 años, donde de alguna manera establecen un canon, pero lo novedoso ya arranca en la primera parte, en la que se consolida la idea (defendida ya en otros libros por Gracia) de que la ruptura intelectual, la "autarquía destructiva" que se impuso en 1939 en relación al exilio cultural fue más corta de lo afirmado (o ignorado) hasta ahora. Y así, con apoyo documental aparecen discursos de Corpus Barga (de 1946), Francisco Ayala (1949) y Pere Calders y José Luis López Aranguren (ambos en 1953), donde la querencia del otro y los puentes ya se plantean raudos. "Es la muestra de que la modernidad no nace con la democracia sino que esta es hija de la modernidad", resumen. ¿Y por qué, si había incluso documentos, esa postura no ha formado hasta ahora parte del relato? "Porque el antifranquismo ha dominado por encima del franquismo, solo en los últimos años se ha podido construir una mirada desacomplejada sobre eso". ¿Las artes fueron, pues, más abiertas que la propia sociedad española? "Sin duda: se sacaron el franquismo de encima mucho antes que el resto de la sociedad".
El ensayo entendido no sólo como filosofía o historia y el memorialismo jugando en la misma división que la novela o la poesía son otras pequeñas aportaciones de una historia en la que junto a maestros como Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Benet o Fernando Savater aparecen Terenci Moix y Arturo Pérez Reverte. "Son gente a la que hasta ahora se la miraba por encima del hombro pero que han sido fundamentales para el sistema literario español, igual que el periodismo; han enriquecido los distintos estratos de lectores; y eso también vale, en el campo ensayístico para José Antonio Marina... Hemos tratado de evitar la judicialización de la vida literaria contemporánea".
Si quizá López Aranguren, Dionisio Ridruejo, Joaquín Ruiz Giménez o la publicación Revista simbolizan la primera etapa, el editor Carlos Barral y Seix Barral podrían resumir ese periodo entre 1959 ("cuando se acaba la parálisis de la posguerra") y principios de los 80. "Personaje y sello conforman un equipo cultural que aglutina las formas de modernidad incipiente de la literatura española", opinan los autores sobre el clásico editor catalán. Éste es, además, la punta del iceberg de una notable presencia de escritores y referencias de Barcelona, mostrando, quizá por vez primera en una obra de estas características, por un lado una nutrida nómina de autores periféricos y, por otro, una clara bicapitalidad cultural en la historia de la literatura española. "La visibilidad de la primera resistencia, del contrapoder, había de nacer de los desengañados del propio poder -como los Ridruejo, Aranguren...- y de algunos residuos liberales -Revista de Occidente, algunos autores de la editorial Taurus...-; eso era Madrid, pero la vanguardia de la literatura la llevaba Barcelona. ¿Hacia dónde pivotan los amigos de Juan Benet? Pues en Barcelona: será aquí donde ha de ganar en 1969 el premio Biblioteca Breve por Una meditación", ejemplifican.
"Hacer una lectura de este libro desde el índice onomástico es hacer trampa", adelantan los autores; pero la tentación está ahí. Y al reseguir nombres, se topa con el gran peso cualitativo de Miguel Delibes frente a la endeblez de un consagrado como el Nobel Camilo José Cela: "Su labor de recepción del exilio es importante, pero fuera de dos o tres títulos se ha deshinchado". Con sutil dureza despachan también los ultimísimos narradores bautizados como los nocilleros, cuyos textos, escriben, "son más atractivos y sugerentes que literariamente valiosos". Se explican de viva voz: "Es una literatura de contraseña, escrita con arreglo a un código -desde videojuegos a cierta música, pasando por series de televisión- que si el lector no tiene no puede disfrutar del texto; es curioso porque la tendencia es ir más allá del juego literario y volver a la novela como instrumento válido para la indagación del ser humano", lanzan. Una idea, como la de que Internet pueda sustiuir la labor de hallar nuevas voces que ahora realizan las pequeñas editoriales, que desarrollarán "en una adenda a este volumen, de también 1.200 páginas", bromean. Mientras, uno estudiará a Guillermo de Torre (Ródenas) y el otro ya ha empezado una biografía de Ortega. Juntos, a cuatro manos, no descartan volver a la historia del ensayo español del siglo XX. Más (nueva) memoria literaria.
12+4 nombres
¿Pueden resumirse 70 años de literatura española en 12 nombres señeros? Tras un par de soplidos
una apasionante suma y resta verbal entre ambos, Jordi Gracia y Domingo Ródenas lo hacen: Juan Ramon Jiménez, Luis Cernuda, Miguel Delibes, Carmen Martín Gaite, Carlos Barral, Rafael Sánchez Ferlosio, Juan Benet, Jaime Gil de Biedma, Fernando Savater, José Ángel Valente, Javier Marías y Javier Cercas.
Ante ese "sector muy ruidoso" que, en opinión de los dos profesores, domina la narrativa castellana más reciente, proponen como nombres relevantes de la literatura del presente los de Javier Pérez Andújar, Isaac Rosa, Ricardo Menéndez Salmón y Pablo Sánchez.
"Son más sugerentes que literariamente valiosos", se dice de los 'nocilleros'
El volumen tiene 1.180 páginas e incluye más de 7.000 referencias
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ENTREVISTA
Dan Fante: "Bebía para apagar mi mente, hasta perder el control"
El alcohol y la muerte del escritor John Fante, principal representante del 'realismo sucio' en la línea de Bukowski, protagonizan 'Chump Change', la primera novela autobiográfica de su hijo
Tommaso Koch, Madrid
15/03/2011
Algunos se hacen escritores por pasión. Otros, para desvelar algún misterio. Dan Fante empezó a escribir para no dispararse una bala en la cabeza. Alcohólico depresivo con tendencias al suicido, un día en los ochenta Fante dejó de repente de beber, antes de que este cóctel le matara (confiesa), y dedicó los siguientes 18 meses a llevar a cabo su primera novela, Chump Change, que salió a la venta en 1998. Ahora Sajalín Editores ha decidido publicarla en España y Fante, estadounidense de 67 años con un sombrero de vaquero y un pendiente dorado colgando de la nariz, se ha venido a Madrid para promocionar su obra. En la librería Tipos Infames, la demostración de que los tiempos han cambiado está en su bebida: Coca-cola con limón.
Aquellos que conozcan el estilo de su padre, el fallecido escritor italo-americano John Fante, multipliquen tranquilamente su dureza por dos o tres. El protagonista de Chump Change, Bruno Dante, bebe cantidades masivas de alcohol, vomita cada dos por tres, odia a su mujer, a la que roba la tarjeta de crédito, busca orgías homosexuales en los cines porno y alquila los servicios a una prostituta de 15 años. Demasiado para las 40 editoriales estadounidenses a las que Fante propuso su libro, que lo tildaron de "pornográfico". Acabó publicándolo en Francia antes que en su país. Para Fante su obra es sin embargo "real, mucho más que la América que muestran las sitcom". Real, decíamos. O más bien autobiográfica. Es fácil ver detrás del alma perdida de Dante el pasado complejo de Fante: "Bebía hasta perder el control, para apagar mi mente. Una noche me bebí cuatro litros de vino. De hecho, tenía gripe dos veces a la semana por el veneno que me metía en el cuerpo". También la dificultad de enfrentarse a la muerte del padre une a Dan y Bruno. Y el ser "un peligro, un riesgo", como le suelta su jefe al personaje. "Me compré una pistola porque la gente me molestaba. Varias veces pensé en matar a alguien. ¿Por qué no pasó? Suerte, supongo...", cuenta, en tono divertido, la nueva versión de Dan Fante. Pero hay una diferencia, además de una letra del apellido, entre Bruno Dante y él: "Lo que le pasa al personaje en tres semanas representa 10 años de mi vida".
La sombra paterna
El punto central de la novela es la hospitalización de Jonathan Dante, el padre de Bruno. Para darle un último adiós a su progenitor, al que los médicos ya no conceden esperanzas, el hijo se va a Los Ángeles. Una relación compleja une el alcohólico protagonista de Chump Change a su padre, escritor y guionista. Son justo los mismos oficios de John Fante. Y la relación de Dan con su progenitor tampoco es que fuera muy simple: "Para él, los niños eran como sillas, mobiliario que se interponía en su camino.
Y era muy impulsivo, muy voluble". Tanto que el pequeño Dan había creado un ritual al volver a casa. Se asomaba a la puerta y solo si nadie estaba gritando o no había ruidos de objetos que se rompían entraba y se iba a su cuarto.
John Fante falleció en 1983, pero le dio tiempo a ver el arranque de la carrera de narrador de su hijo. Cuenta Dan que le gustaba cómo escribía. Y eso que solía decirle: "No eres muy listo. Tal vez podrías ser un buen carpintero". Probablemente el estilo le recordara a John el suyo: "Ambos somos directos. Frases cortas, ideas claras, para que la gente entienda todo fácilmente. Al introducir un personaje, no nos paramos a explicarte qué le pasó cuando tenía 12 años: seguimos adelante".
Otros autores que dejaron mella en Dan Fante fueron Hubert Selby y Charles Bukowski. Pero el americano se dejó llevar sobre todo por su obra: "Cada día leía las dos páginas anteriores y proseguía. No tenía ni idea del final". Fueron los personajes, la historia misma, a guiarle. Cuenta Fante que eran como espectros que le visitaban continuamente: "Me iba a tomar un café con unos amigos y me aparecía un personaje del libro y lo que le ocurriría". Le ha pasado con cada una de las cinco novelas que ha escrito sobre Bruno Dante. Por esto entre una y otra se dedica a poemas o comedias, "para descansar".
Antes de llegar a ser escritor, Dan Fante hizo de todo. Taxista, vendedor puerta a puerta, limpiador de ventanas, y "muchos más trabajos horribles". Pero la peor experiencia fue en una compañía publicitaria: "Tenían que pasar sus informes al formato de microfilmes. Era el encargado de ponerle grapas a todos los informes. Tenía un dedal para no pincharme". Años luz de distancia con el Fante de hoy en día, felizmente casado y con un hijo de seis años, Giovanni Michelangelo. "Le di un nombre así de largo para joderle el día que tenga que hacerse el pasaporte", estalla en carcajadas el escritor.
Parece que, a los 67 años, hay pocas experiencias que Fante todavía no haya probado. Está "encantado" con su vida, pero en su lista de las cosas que hacer antes de los 70 sí queda espacio: "Aprender a tocar la armónica y a hablar italiano, lanzarme con un paracaídas de un avión, ir a más de 300 kilómetros por hora con un coche deportivo". Es impresionante lo que puedes hacer, si renuncias a dispararte en la cabeza.
"Para mi padre, los niños eran como sillas que tenía que apartar de su camino", cuenta Dan Fante
El protagonista de 'Chump Change' es alchólico, busca orgías homosexuales en los cines porno y 'alquila' los servicios de una prostituta
"Mi estilo es directo como el de mi padre. Si aparece un personaje no te cuento qué le pasó cuando tenía 12 años: sigo adelante"
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Dan Fante: "Bebía para apagar mi mente, hasta perder el control"
El alcohol y la muerte del escritor John Fante, principal representante del 'realismo sucio' en la línea de Bukowski, protagonizan 'Chump Change', la primera novela autobiográfica de su hijo
Tommaso Koch, Madrid
15/03/2011
Algunos se hacen escritores por pasión. Otros, para desvelar algún misterio. Dan Fante empezó a escribir para no dispararse una bala en la cabeza. Alcohólico depresivo con tendencias al suicido, un día en los ochenta Fante dejó de repente de beber, antes de que este cóctel le matara (confiesa), y dedicó los siguientes 18 meses a llevar a cabo su primera novela, Chump Change, que salió a la venta en 1998. Ahora Sajalín Editores ha decidido publicarla en España y Fante, estadounidense de 67 años con un sombrero de vaquero y un pendiente dorado colgando de la nariz, se ha venido a Madrid para promocionar su obra. En la librería Tipos Infames, la demostración de que los tiempos han cambiado está en su bebida: Coca-cola con limón.
Aquellos que conozcan el estilo de su padre, el fallecido escritor italo-americano John Fante, multipliquen tranquilamente su dureza por dos o tres. El protagonista de Chump Change, Bruno Dante, bebe cantidades masivas de alcohol, vomita cada dos por tres, odia a su mujer, a la que roba la tarjeta de crédito, busca orgías homosexuales en los cines porno y alquila los servicios a una prostituta de 15 años. Demasiado para las 40 editoriales estadounidenses a las que Fante propuso su libro, que lo tildaron de "pornográfico". Acabó publicándolo en Francia antes que en su país. Para Fante su obra es sin embargo "real, mucho más que la América que muestran las sitcom". Real, decíamos. O más bien autobiográfica. Es fácil ver detrás del alma perdida de Dante el pasado complejo de Fante: "Bebía hasta perder el control, para apagar mi mente. Una noche me bebí cuatro litros de vino. De hecho, tenía gripe dos veces a la semana por el veneno que me metía en el cuerpo". También la dificultad de enfrentarse a la muerte del padre une a Dan y Bruno. Y el ser "un peligro, un riesgo", como le suelta su jefe al personaje. "Me compré una pistola porque la gente me molestaba. Varias veces pensé en matar a alguien. ¿Por qué no pasó? Suerte, supongo...", cuenta, en tono divertido, la nueva versión de Dan Fante. Pero hay una diferencia, además de una letra del apellido, entre Bruno Dante y él: "Lo que le pasa al personaje en tres semanas representa 10 años de mi vida".
La sombra paterna
El punto central de la novela es la hospitalización de Jonathan Dante, el padre de Bruno. Para darle un último adiós a su progenitor, al que los médicos ya no conceden esperanzas, el hijo se va a Los Ángeles. Una relación compleja une el alcohólico protagonista de Chump Change a su padre, escritor y guionista. Son justo los mismos oficios de John Fante. Y la relación de Dan con su progenitor tampoco es que fuera muy simple: "Para él, los niños eran como sillas, mobiliario que se interponía en su camino.
Y era muy impulsivo, muy voluble". Tanto que el pequeño Dan había creado un ritual al volver a casa. Se asomaba a la puerta y solo si nadie estaba gritando o no había ruidos de objetos que se rompían entraba y se iba a su cuarto.
John Fante falleció en 1983, pero le dio tiempo a ver el arranque de la carrera de narrador de su hijo. Cuenta Dan que le gustaba cómo escribía. Y eso que solía decirle: "No eres muy listo. Tal vez podrías ser un buen carpintero". Probablemente el estilo le recordara a John el suyo: "Ambos somos directos. Frases cortas, ideas claras, para que la gente entienda todo fácilmente. Al introducir un personaje, no nos paramos a explicarte qué le pasó cuando tenía 12 años: seguimos adelante".
Otros autores que dejaron mella en Dan Fante fueron Hubert Selby y Charles Bukowski. Pero el americano se dejó llevar sobre todo por su obra: "Cada día leía las dos páginas anteriores y proseguía. No tenía ni idea del final". Fueron los personajes, la historia misma, a guiarle. Cuenta Fante que eran como espectros que le visitaban continuamente: "Me iba a tomar un café con unos amigos y me aparecía un personaje del libro y lo que le ocurriría". Le ha pasado con cada una de las cinco novelas que ha escrito sobre Bruno Dante. Por esto entre una y otra se dedica a poemas o comedias, "para descansar".
Antes de llegar a ser escritor, Dan Fante hizo de todo. Taxista, vendedor puerta a puerta, limpiador de ventanas, y "muchos más trabajos horribles". Pero la peor experiencia fue en una compañía publicitaria: "Tenían que pasar sus informes al formato de microfilmes. Era el encargado de ponerle grapas a todos los informes. Tenía un dedal para no pincharme". Años luz de distancia con el Fante de hoy en día, felizmente casado y con un hijo de seis años, Giovanni Michelangelo. "Le di un nombre así de largo para joderle el día que tenga que hacerse el pasaporte", estalla en carcajadas el escritor.
Parece que, a los 67 años, hay pocas experiencias que Fante todavía no haya probado. Está "encantado" con su vida, pero en su lista de las cosas que hacer antes de los 70 sí queda espacio: "Aprender a tocar la armónica y a hablar italiano, lanzarme con un paracaídas de un avión, ir a más de 300 kilómetros por hora con un coche deportivo". Es impresionante lo que puedes hacer, si renuncias a dispararte en la cabeza.
"Para mi padre, los niños eran como sillas que tenía que apartar de su camino", cuenta Dan Fante
El protagonista de 'Chump Change' es alchólico, busca orgías homosexuales en los cines porno y 'alquila' los servicios de una prostituta
"Mi estilo es directo como el de mi padre. Si aparece un personaje no te cuento qué le pasó cuando tenía 12 años: sigo adelante"
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Lolita sueña con Pete Doherty
Iñigo López Palacios
08.03.2011
Sexo, dudas, drogas... los eternos problemas de la edad del pavo pueblan La caricia desnuda, debut de Carmen Bramly, novelista francesa de 16 años. Un nueva generación internacional de autores afronta con veracidad su adolescencia.
El argumento de La caricia desnuda es sencillo. Paloma, 14 años, una parisiense de buena familia, pasa la Nochevieja de 2008 en la isla bretona donde sus papás tienen la casa de vacaciones. Cena en la de su amor platónico de la infancia. Los dos solos. Sus padres han ido a una fiesta.
Es un duelo. Ambos quieren lo mismo, pero ella exige que él reconozca que la ama. Y Pierre, un clásico tonto de 15 años, no está dispuesto a eso. Discuten, se pelean y se reconcilian. Vuelven a pelear. Y como en una novela del romanticismo decimonónico, desafían a la tormenta y a la noche en una barca a vela y terminan en la playa de un islote, ebrios, alrededor de una hoguera. Elipsis narrativa de toda la vida. Cuando Paloma despierta, la mañana siguiente, ya no se siente una niña. "No, no es una historia real. Yo esa Nochevieja me fui a dormir a las nueve", dice Carmen Bramly, la autora, en el aséptico salón de un hotel caro de una zona noble de Madrid. Tiene, agárrense, 16 años. Es una adolescente tímida con cara de niña que contesta entrevistas franqueada por una traductora de francés. Su debut ha sido un pequeño fenómeno editorial en su país. Diez mil ejemplares colocados. Ahora, un año después, se lanza el libro en España y ya se han vendido los derechos de publicación a Italia, Turquía, Rusia, China y Vietnam.
"Lo que comparto con Paloma es lo sola que está, los pocos amigos que tiene y que no se siente a gusto consigo misma. Pero por otro lado es un personaje mucho más seguro que yo. Sabe lo que quiere, adónde quiere ir, y eso es lo que yo no soy", dice con un aplomo nada habitual en una persona de su edad. Uno ha entrevistado a muchos músicos que le sacan 15 años que carecen de un discurso tan equilibrado.
Le viene de familia, se supone. Su padre, Serge Bramly, es escritor, y su madre, profesora. Confiesa que los referentes culturales de su protagonista son los suyos. Paloma escucha a los Kinks y Nat King Cole. Asegura haber leído La vida por delante y Los miserables con siete años. Habla como un personaje de una novela de Beigbeder. Maneja conceptos como la nostalgia, que resultan casi obscenos en un personaje de 14 años. En un momento de la novela incluso recita fragmentos completos de Fedra, de Racine. Pierre es Hipólito, el cazador; Paloma, Fedra, su madrasta enamorada. La excusa es que cuando tenían nueve años la habían representado en un grupo de teatro. ¿De verdad hay adolescentes como Paloma? "Sí, claro. No sé por qué, pero mis amigos, todos en mi instituto son así", dice en francés, antes de lanzarse en un esforzado castellano: "Escuchamos música de los sesenta; la de ahora no es muy buena, como Lady Gaga...". Y después de pronunciar el nombre de la diva hace una muesca de asco.
Cuenta que empezó a escribir por aburrimiento. "Soy grafómana, me paso la vida escribiendo en todas partes. En los manteles de papel, en los márgenes de los libros... Por eso un día decidí escribir una novela. Establecí una rutina: me levantaba una hora antes [a las seis de la mañana, confesó después] y me ponía a ello". Sí, además es buena estudiante.
La única reacción propia de su edad es un ligero sonrojo cuando se le pregunta qué le resultó más complicado, si escribir de sexo o de amor. "Fue igual de difícil. No he experimentado ni el uno ni el otro". En cambio, se ríe cuando se le habla del tercer personaje en discordia de la novela, Pete Doherty, el cantante de The Libertines, el amor inalcanzable que durante una temporada reside en el piso de alquiler que hay encima del apartamento de los padres de la protagonista. Un yonqui solitario y egoísta que fascina a Paloma. Al parecer, ninguna generación se libra de admirar a los rockeros intoxicados. "Me pareció que tenía la edad perfecta para representar el amor inalcanzable de una adolescente. Es un icono que se autodestruye, como Basquiat o Janis Joplin". ¿De verdad, Carmen, seguís admirando a los que desaparecen antes de cumplir los 27? "Más que admiración, es fascinación lo que sentimos. Te preguntas por qué personas con tanto talento tienen ese comportamiento. La droga sigue teniendo atractivo. En los institutos de París todo el mundo fuma porros, está completamente trivializado. Yo conocí a Pete Doherty y es un tío muy majo y muy inteligente. Mi tía me llevó a uno de sus conciertos en París. Coincidí con él entre bambalinas". ¿Y de qué hablasteis? "La verdad es que lo único que me preguntó fue: '¿Qué tal en el cole?".
"Soy grafómana. Me paso la vida escribiendo en todas partes"
Autor en la edad del pavo
La mayoría de escritores exageran sobre la edad a la que empezaron a escribir. Capote aseguraba que fue a los ocho años, y los más sensatos sitúan sus primeros textos en la pubertad. Lo que no es tan común es que alguien empiece a publicar sus obras cuando aún no se ha quitado el acné, y menos que en su posadolescencia parezca estar el cénit de su carrera. Analizamos cinco casos de escritores de distinta suerte que han publicado sus primeras obras antes de llegar a veinteañeros.
Helene Hegemann (19 años). En 2010, esta alemana adolescente fue el excéntrico plato literario del año en la Red. Incluía los dos ingredientes que más gustan en los corrillos indies: había publicado a los 17 años una novela, Axolotl Roadkill, sobre sus experiencias berlinesas con drogas y sexo disfuncional, y meses después había pasado a estar crucificada en The New York Times por esa forma de plagiar fragmentos que algunos llaman mixing. En 2011, con un pie en la veintena, quizá se ha hecho mayor como para que se sigan acordando de ella.
Ben Brooks (18 años). Hace unos meses, la revista Dazed & Confused le dedicó una página como joven revelación señalada por el dedo dorado de Dennis Cooper. Para entonces, este inglés llevaba escribiendo desde los 16 años y tenía cuatro obras publicadas, entre las que destaca su inquietante novela inaugural Fences. Con ella experimentó las posibilidades (incluyendo como baza los juegos tipográficos) que ofrecía algo llamado literatura experimental, muy lejos de lo que leía en ciertos clásicos impepinables de lectura obligatoria en el instituto.
Jordan Castro (18 años). Los poemas que escribe Castro en su instituto de Solon (Ohio) no van a parar a ninguna taquilla el día de San Valentín, sino a plaquetes que empezó a publicar a los 16 años, como Think tank for human beings in general, y los recientes e-books de descarga gratuita que cuelga en su web. Se ha convertido en uno de los mejores representantes de la new wave vomit, ultimísima generación de poetas. "La etiqueta viene del nombre de una revista creada por una amiga, pero si me siento parte de ella es solo por la edad".
Steph Bowe (17 años). Representante de la literatura adolescente escrita por adolescentes. Esta australiana decidió, a los 14 años, escribir las novelas que ella, como apasionada del género, quería leer. Así publicó en 2010 Girl save boy (que se publicará este año en España como La chica del lago). Su blog, www.heyteenager.blogspot.com, es un santuario a la pubertad en el que se comunica con sus lectores y aconseja a aspirantes a escritores de la misma edad. "Lo mejor que te pueden decir es que tu libro será su preferido para siempre", asegura.
Emily Roberts (20 años). A pesar de lo que pueda inspirar su nombre (realmente un seudónimo), es una buena representante de la literatura más joven de nuestro país. Después de varios relatos editados en revistas, en abril publicará su primera novela, Lila, una narración sobre la añoranza del amor de la adolescencia como solo se puede contar cuando se acaba de salir de ella. No le parece una edad arriesgada para publicar: "No creo que en el futuro me arrepienta, pero sé que todavía me queda mucho por aprender, ¡acabo de cumplir 20 años!".
Alberto Fernández Otto
http://www.elpais.es/

LIBROS
Los «nuevos» Stieg Larsson creen que Suecia «se desintegra»
Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho, alias Lars Kepler, publican «El contrato», un repaso a la industria armamentística sueca
Estocolmo, EFE
06.03.2011
Lars Kepler ha sido bautizado como "el nuevo Stieg Larsson" y el matrimonio de escritores que se esconde tras ese nombre lo acepta como "un honor". Alexander Ahndoril y Alexandra Coelho toman el testigo de la denuncia social a través de la novela negra y creen que la idílica Suecia "se desintegra".
Con "El Hipnotista", su primer libro bajo pseudónimo, revolucionaron el panorama de la literatura criminal y vendieron 80.000 copias en España; ahora publican "El contrato", todo un repaso a un tema tabú en Suecia como es la industria armamentística y la venta a terceros países.
"Suecia ya no es un país perfecto ni ideal. Creo que se está desintegrando en muchos aspectos. En 'El hipnotista' queríamos escribir sobre las familias, y la sociedad no deja de ser la mayor de ellas, pero en este país la gente ya no tiene ese sentido de pertenencia", reflexiona Coelho.
La forma descarnada y el trasfondo social y político de sus dos novelas han hecho que la crítica internacional les nombre herederos del autor de la trilogía "Millenium", de quien el matrimonio afirma que "revitalizó" el género y a quien quisieron homenajear al elegir el pseudónimo de Lars Kepler.
"Pero tenemos nuestra propia voz y nuestras propias historias", puntualiza esta pareja que asiente reflexiva ante la tesis de que el irresoluto asesinato del primer ministro sueco Olof Palme en 1986 pueda tener algo que ver con esta vitalidad de la novela negra en su país en los últimos años, con esa búsqueda de la justicia y esa necesidad de resolver crímenes.
Como Larsson, Lars Kepler ha creado un protagonista carismático, el inspector de policía Joona Linna, un inmigrante finlandés en Suecia que en "El contrato" deberá conectar y desentrañar las muertes de la hermana de una joven activista por la paz y el responsable de la supervisión de exportación de armas de Suecia.
Un héroe finlandés
La elección de un finlandés es un tributo de los autores a la comunidad finlandesa en Suecia, que es la "mayor minoría" del país. "Queríamos darles visibilidad, que tuvieran un héroe", señala Alexandra. Además, confiesa que les fascina la cadencia "seria y melancólica" de los finlandeses al hablar en sueco.
Tras Lars Kepler no hay sólo una pareja de escritores que teclea al alimón. Hay un matrimonio con tres hijas, lo que hace inevitable preguntarse por la forma en que los Ahndoril-Coelho entienden la tan traída y llevada conciliación y la forma en la que se enfrentan a la escritura entre tanta cotidianeidad.
Cada día se turnan para llevar a las niñas al colegio, y el que se queda en casa prepara la "sesión de té" en la que discuten argumentos y tramas que "son todo" en la novela negra. De hecho a ellos no les gusta el té, sino el café. Es a su alter ego literario al que le gusta: "cuando somos Lars Kepler empezamos a beber té para ponernos en situación. Trabajamos como guionistas, con montones de 'post-it' por toda la mesa con las distintas tramas", comenta el marido.
Una vez de acuerdo, se trasladan a sus respectivos ordenadores para escribir y después se envían el uno al otro por correo electrónico lo que han escrito, y juntos van completando escenas, llenando huecos. "Por ejemplo, si yo escribo algo pero no imagino la habitación en la que ocurre, quizá Alexandra sí lo haga", apunta Alexander. Y así, correo va correo viene, van construyendo novelas de las que mantienen al lector en vilo hasta la última página.
"Así que no se puede decir que cada uno haya escrito determinadas partes del libro. Hay escritores que cuando escriben juntos se dividen los capítulos, o los personajes. Nosotros no. Somos uno, somos Lars Kepler, y necesitamos serlo para poder trabajar juntos", argumentan.
"El hipnotista" y "El contrato" son sólo las dos primeras de la serie de ocho novelas que se han propuesto escribir juntos. Ya están ultimando la siguiente. "Tendrá algo que ver con lo sobrenatural", desvela Alexandra Coelho antes de que su marido le susurre que es mejor no decir nada por el momento.
http://www.abc.es/
La finlandesa Sofi Oksanen conquista con Purga el Premio Europeo a la Mejor Novela
Winston Manrique Sabogal
01/03/2011
Foto - by Sigrid Nygaard
Sofi Oksanen ha ganado con su novela Purga los principales premios europeos. Un mosaico humano y político sobre el pasado de Estonia bajo la ocupación nazi y la tiranía soviética. Un thriller político y psicológico que implica el tráfico de personas.
Pääskyset olivat jo menneet, mutta kurjet auroittivat taivasta kaulat suorina...", y la voz en finés de Sofi Oksanen leyendo un pasaje de su novela Purga suena como una oración solitaria en un bar en penumbra de cuyo techo caen delgadas columnas de luz. Es el comienzo de un capítulo que condensa en una metáfora la historia que narra y el libro mismo, la de la trágica realidad emocional y política de Estonia en el siglo XX ocupada primero por los nazis y luego medio siglo por la tiranía soviética y la de su estilo. "...Niiden huuto satoi peltoon ja särki Aliiden päätä...", continúa ella hasta acabar la entrevista en Helsinki por una novela que está ganando desde hace dos años los premios más importantes de Europa.
Poco antes de que empezara a leer en finés: "Las golondrinas ya se habían marchado, pero las grullas cruzaban el cielo en formación y con los cuellos estirados...", la escritora fino-estonia, de 34 años, había explicado sus intereses literarios y las cicatrices dejadas en los estonios tras medio siglo de dictadura, vejaciones e impostura y los conflictos del presente como el tráfico de personas. Fue cuando denunció la larga sombra de Rusia: "A pesar de los problemas de la Unión Soviética y las víctimas, uno de los aspectos en el que estoy más interesada es el de los efectos mentales; es un sistema de lavado de cerebro. Incluso ahora que Estonia es un país europeo, podemos hallar pequeñas huellas de esa mentalidad soviética; lleva años, muchos años, lograr que cambien estos aspectos del alma de los ciudadanos y también los valores de la sociedad". Oksanen calla..., coge la taza transparente del capuchino con la espuma secándose por sus paredes y toma su penúltimo sorbo.
Puhdistus. Purga.
Eso es lo que muestra la novela en varios niveles: el político y el social, pero sobre todo, las esquirlas que desprende un férreo sistema en el ámbito personal, psíquico y sentimental. Un mosaico del verdadero corazón de la Estonia bajo el yugo soviético. La escritora describe ese mundo juntando la vida de dos mujeres de diferentes generaciones que deben confrontar su pasado y su presente, Aliide y Zara. Lo narra a ritmo de thriller trenzado de drama amoroso y secretos. Y deja claro cómo algunas felicidades prometidas por ciertos regímenes o personas no son más que una felicidad emponzoñada.
¿Cómo supo ella esas historias? En Helsinki, bajo el azul luminoso dejado por una nevada, Sofi Oksanen llega al bar-nightclub Ahjo abierto para esta entrevista. Atraviesa el vestíbulo de bebidas de colores, baja una corta escalera y se interna en un amplio salón semioscuro. Saluda. Se detiene, y su vestuario de negro riguroso le hace improvisar una fugaz escena del teatro negro de Praga donde su rostro, enmarcado por una abombada melena azabache de rastas, es lo único claro. ¡Solo por tres segundos! Hasta que se quita una bufanda negra que deja al descubierto una gargantilla de perlas gigantes. Da cuatro pasos, pone el abrigo sobre una de las butacas del rincón y se sienta en otra quedando escoltada por la oscuridad esparcida de columnas de luz cenital.
Ella, Oksanen, es el punto de encuentro de dos países hermanados histórica y culturalmente: es de madre estonia y padre finlandés. Además, porque los novelistas estonios no suelen tratar el pasado reciente como ha hecho ella con Purga. Ya antes, en 2003, había llamado la atención con Las vacas de Stalin (451 Editores) al hurgar en la historia de una Europa dividida entre el Este y el Oeste, y dos años después con Baby Jane, sobre la relación entre sus dos países, lo cual le ha llevado a popularizar una Finlandia literaria más allá del long-seller de Mika Waltari, Sinuhé, el egipcio.
En el salón solo se oye su voz, un tris cavernosa, que empieza a reconstruir parte de su pasado y de su familia, esenciales en su obra. Su madre estonia se casó con un finlandés en 1974, dos años después se trasladaron a Finlandia y el 7 de enero de 1977 nació ella. Varias veces la llevaron a ver a sus abuelos que vivían en un koljós, cooperativa agrícola soviética, al oeste de Estonia, en una zona rural militarizada y de difícil acceso... Un camarero se acerca y ella pide un capuchino, en lugar de su habitual café a la hora de escribir y privándose del cigarrillo... Desde pequeña vio, oyó y sintió la auténtica Estonia soviética. Su infancia estuvo poblada de murmullos de historias ajenas, quejas y lamentos. Intuyó el valor de la mentira y la impostura para sobrevivir. Siberia, Siberia.
Una palabra que solía estar en aquellos relatos que se referían a los miles de personas que "se habían ido a vivir a allí. Hasta que en los noventa se le empezó a llamar por su nombre: ¡deportación. Exilio!". Además, el contacto con sus abuelos era complicado. "Los teléfonos estaban intervenidos y no podías hablar de nada abiertamente; sin contar con que encargar la conferencia telefónica era un proceso delicado. Las cartas se censuraban y no podías escribir de ciertas cosas. Mis cartas infantiles, por supuesto, no lo eran. Pero mi madre y mis parientes tenían un código: hacían unas marcas que convertían la frase en todo lo contrario".
Un progresivo y suave aroma de café altera el aire. El camarero vuelve con una taza alta de cristal, rebosante de espuma de capuchino, y una cucharilla de mango largo. Las coloca sobre una mesita negra con un vidrio que las refleja nítidas. Oksanen se inclina a coger la taza y su imagen también se duplica sobre el vidrio, al tiempo que este hace lo mismo sobre sus gafas. Toma un sorbo y misteriosamente sus labios de rojo esquivan la espuma. Retoma la conversación sobre su familia, y pasa a hablar de la Universidad de Helsinki donde estaba un poco harta de investigar y explorar los textos de los demás. Así decidió entrar en la Academia de Teatro y realizar su sueño de dramaturga.
Un progresivo y suave aroma de café altera el aire. El camarero vuelve con una taza alta de cristal, rebosante de espuma de capuchino, y una cucharilla de mango largo. Las coloca sobre una mesita negra con un vidrio que las refleja nítidas. Oksanen se inclina a coger la taza y su imagen también se duplica sobre el vidrio, al tiempo que este hace lo mismo sobre sus gafas. Toma un sorbo y misteriosamente sus labios de rojo esquivan la espuma. Retoma la conversación sobre su familia, y pasa a hablar de la Universidad de Helsinki donde estaba un poco harta de investigar y explorar los textos de los demás. Así decidió entrar en la Academia de Teatro y realizar su sueño de dramaturga.
Era el mejor sitio para aprender a escribir, ya que no había talleres de escritura creativa. En febrero de 2007, ya con dos novelas, estrenó su primera obra en el Teatro Nacional de Finlandia: Puhdistus. ¡Éxito! Y ese éxito modificó su destino al querer hacer una versión novelada que publicó en 2008. La transformación de teatro a novela no fue tan difícil. "Los personajes y el mundo ya estaban. El título también". Desde entonces no han cesado las distinciones a mejor libro de Finlandia, del Consejo Nórdico, el Femina de Literatura Extranjera o el Premio Europeo a la Mejor Novela de 2010, y que acaba de editar en España Salamandra, en castellano, y La Magrana, en catalán.
¿Dónde puede estar la clave de su acogida? Sofi Oksanen se acomoda en la butaca mientras recoge su larga melena de rastas, algunas moradas, sobre los hombros. Aparte de la estructura de péndulo, de ir del presente al pasado con tres historias que van armando el puzle de sus vidas en un thriller, es clave el punto de vista del narrador. Uno muy humano que por momentos toma distancia o busca la complicidad del lector o se implica en la historia. "En las primeras versiones de Purga el narrador hablaba en primera persona. Pero en un momento dado lo cambié a la tercera, así adquirió la voz definitiva. Pero es cierto que tanto en Las vacas de Stalin como en la novela que estoy escribiendo, están escritas en la primera persona que me sale natural; aunque en esta última eso puede cambiar".
Los detalles son cruciales en Purga. A veces duros. "Supongo que como se dice, la verdad está siempre en los detalles, y como ha dicho un colega finlandés: si quieres escribir sobre sexo para que no parezca pornografía tienes que ahondar en los detalles. Y es así tanto para el sexo como para la violencia. No me gusta distanciarme. Me gusta que el lector entre en la historia a través de información visual, auditiva; de cómo se sienten las cosas desde el punto de vista material, no olvidar los aspectos sensuales".
Tratar de involucrar los cinco sentidos no fue tan difícil. "En cambio sí lo fue acertar en los detalles del periodo histórico. Son temas que no están en los libros de historia o investigaciones; por ejemplo, la clase de pomo de una puerta o el diseño de las cortinas. Al evocar mi infancia en Estonia recordé hasta qué punto era un mundo diferente del de Finlandia y del occidental", cuenta la escritora en un tono más desapacible. "Debido a la ocupación soviética y al atraso económico era como un museo al aire libre. Esas experiencias de niña han sido clave para mí como escritora".
Y a los recuerdos se sumaron la búsqueda de testimonios y documentación sobre temas cotidianos, de costumbres. La comida tiene un homenaje. Oksanen sonríe complacida ante la reminiscencia. "En Estonia, por ejemplo, al poco tiempo de la crisis se agotaron las existencias de los tarros o frascos porque todo el mundo se puso a hacer conservas como una reacción automática. En cambio, en Finlandia las alacenas están vacías". De pronto, en sus ojos aguamarina se atisba un cambio y su voz se torna entre alegre y nostálgica al decir que investigó en las viejas revistas femeninas estonias. "Entendí que tenía un punto ciego en mi mente de cómo había sido visualmente Estonia en la época presoviética", dice mientras coge la cucharilla para remover el capuchino, y se reaviva la espuma de las paredes de la taza.
Purga comienza y termina en 1992. Un año después de su independencia y tres de la caída del muro de Berlín. Desde esa fecha se recrea el pasado de los personajes y traza un fresco de su presente y del país. "Estonia ha tenido un enorme progreso en 20 años. La verdad es que se han hecho las cosas bastante bien en el sentido de que se ha logrado crear un Estado legal y acabar con la corrupción, con éxito en comparación con países cercanos como Lituania y Letonia. Se ha conseguido reducir el crimen. Estonia tiene ahora el euro, pertenece a la Unión Europea y a la OTAN, lo cual la hace más conectada que Finlandia, que no pertenece a la OTAN. A pesar de la crisis actual, ha conseguido la confianza de la Unión Europea". Y un deje orgulloso se nota en su voz: "El progreso en las tecnologías de la información ha sido sorprendente, es la nación mejor conectada a Internet de Europa".
Pero el pasado sigue ahí. En los mismos dos ámbitos: político-social y personal. "No ha sido fácil curar las heridas. Está mejorando, pero el pasado es complicado. Y lo es de maneras concretas. Por ejemplo, la frontera con Rusia todavía no está ratificada y la gran minoría de ciudadanos de Estonia que hablan ruso son un problema; bueno, ellos no, pero Rusia los está usando en su política exterior. Hace un momento decía que se ha reducido la corrupción, aunque la verdad es que cada tanto sale un asunto donde un político ha recibido un soborno de Rusia y eso genera mucha complicación".
El saqueo de las emociones y sus consecuencias son otra cosa. Como cuando un cuervo se va pero las ondas de su graznido se congelan. "A pesar de los problemas de la URSS y las víctimas, uno de los aspectos en el que estoy más interesada son los efectos mentales, es un sistema de lavado de cerebro. Incluso ahora...", y es cuando se lamenta de las heridas dejadas por el régimen. Calla, toma su penúltimo sorbo de capuchino y deja la taza donde el aire va devorando rápidamente la espuma adherida al cristal.
Puhdistus. Purga.
Los tiempos no acaban de sincronizarse.
El tiempo aún no ha devuelto a algunas palabras mancilladas su real significado.
"En los Estados bálticos, Igualdad es una palabra que aún suena sospechosa, mal, porque oficialmente en la época soviética todo el mundo era igual, pero no lo era. Por lo tanto, sigue sin haber confianza. Sucede lo mismo con la libertad de expresión. Es difícil explicar por qué hay que permitir que se expresen puntos de vista opuestos en defensa del derecho a la libertad de expresión. O por qué hay que proteger a las minorías. Hay cierta desconfianza y se sigue usando una frase antigua: 'Nunca se sabe".
Y aquel presente-futuro de la liberación, reconoce Oksanen, trajo consigo otros problemas, o los hizo visibles. "Cuando empecé no sabía que iba a escribir sobre tráfico de personas. Sí sabía que quería hablar sobre la violación como un crimen de guerra. Descubrí que esas víctimas de diferentes lugares y orígenes religiosos tenían experiencias parecidas. Supe que las víctimas de tráfico de personas tenían las mismas reacciones traumáticas que las de la violación en la guerra. Debía mostrar que incluso la llegada de la libertad no había sido igual para todos. Los países bálticos son muy jóvenes y no han podido desarrollar un Estado de bienestar, de manera que cuando aparece una crisis los golpea de manera brutal".
Toma el último sorbo del capuchino, que saborea hasta el fondo. Ahora sus reflexiones exploran las esclavitudes de la modernidad allí. "El materialismo es una de ellas. Mientras los finlandeses quieren ser dueños de su coche o apartamento, en Estonia lo que realmente importa es aparentar ser rico. ¡Deslumbrar! Los coches de marca y los apartamentos son todos alquilados y la ropa tiene más importancia que para los finlandeses". Hace una pausa para aclarar con un asomo de sonrisa que "Estonia ha atravesado tantos cambios y reformas del suelo que no es aconsejable comprar tierra porque nunca se sabe".
Y tras una sonrisa irónica, llega una frase seria ante la pregunta de la posición, oficialmente neutral, de Finlandia durante la época soviética. "No era realmente neutral. El periodo de la finlandización del efecto que la Unión Soviética tuvo sobre el país fue muy fuerte. Finlandia era independiente, pero todas las decisiones importantes las tenía que aprobar Rusia", y relata algunos episodios en los cuales Finlandia dio la espalda a los estonios. Ahora es distinto, "¡claro!". La relación es más estrecha. Además, muchas empresas finlandesas están presentes allá. Algo que, asegura la autora, debe relacionarse con el descenso de los niveles de corrupción. "Todo esto hace que Finlandia se considere como el hermano mayor de Estonia, y a ellos no les gusta que se les vea como a un hermano menor".
Sofi Oksanen abre un ejemplar en finés de Puhdistus. Se acomoda en el borde de la butaca, la mesita muestra en negativo su cara oculta por la novela, la taza de cristal porosa de espuma y la cucharilla que acoge una chispa de luz, y empieza a leer de manera cautivadora: "Pääskyset olivat jo menneet... Las golondrinas ya se habían marchado, pero las grullas cruzaban el cielo en formación y con los cuellos estirados. Su graznar resonaba por los campos y hacía que a Aliide le doliera la cabeza. Al contrario que ella, las aves eran... Toisin kuin hän, ne pääsivät posi, niillä oli vapaus lähteä...".
¿Dónde puede estar la clave de su acogida? Sofi Oksanen se acomoda en la butaca mientras recoge su larga melena de rastas, algunas moradas, sobre los hombros. Aparte de la estructura de péndulo, de ir del presente al pasado con tres historias que van armando el puzle de sus vidas en un thriller, es clave el punto de vista del narrador. Uno muy humano que por momentos toma distancia o busca la complicidad del lector o se implica en la historia. "En las primeras versiones de Purga el narrador hablaba en primera persona. Pero en un momento dado lo cambié a la tercera, así adquirió la voz definitiva. Pero es cierto que tanto en Las vacas de Stalin como en la novela que estoy escribiendo, están escritas en la primera persona que me sale natural; aunque en esta última eso puede cambiar".
Los detalles son cruciales en Purga. A veces duros. "Supongo que como se dice, la verdad está siempre en los detalles, y como ha dicho un colega finlandés: si quieres escribir sobre sexo para que no parezca pornografía tienes que ahondar en los detalles. Y es así tanto para el sexo como para la violencia. No me gusta distanciarme. Me gusta que el lector entre en la historia a través de información visual, auditiva; de cómo se sienten las cosas desde el punto de vista material, no olvidar los aspectos sensuales".
Tratar de involucrar los cinco sentidos no fue tan difícil. "En cambio sí lo fue acertar en los detalles del periodo histórico. Son temas que no están en los libros de historia o investigaciones; por ejemplo, la clase de pomo de una puerta o el diseño de las cortinas. Al evocar mi infancia en Estonia recordé hasta qué punto era un mundo diferente del de Finlandia y del occidental", cuenta la escritora en un tono más desapacible. "Debido a la ocupación soviética y al atraso económico era como un museo al aire libre. Esas experiencias de niña han sido clave para mí como escritora".
Y a los recuerdos se sumaron la búsqueda de testimonios y documentación sobre temas cotidianos, de costumbres. La comida tiene un homenaje. Oksanen sonríe complacida ante la reminiscencia. "En Estonia, por ejemplo, al poco tiempo de la crisis se agotaron las existencias de los tarros o frascos porque todo el mundo se puso a hacer conservas como una reacción automática. En cambio, en Finlandia las alacenas están vacías". De pronto, en sus ojos aguamarina se atisba un cambio y su voz se torna entre alegre y nostálgica al decir que investigó en las viejas revistas femeninas estonias. "Entendí que tenía un punto ciego en mi mente de cómo había sido visualmente Estonia en la época presoviética", dice mientras coge la cucharilla para remover el capuchino, y se reaviva la espuma de las paredes de la taza.
Purga comienza y termina en 1992. Un año después de su independencia y tres de la caída del muro de Berlín. Desde esa fecha se recrea el pasado de los personajes y traza un fresco de su presente y del país. "Estonia ha tenido un enorme progreso en 20 años. La verdad es que se han hecho las cosas bastante bien en el sentido de que se ha logrado crear un Estado legal y acabar con la corrupción, con éxito en comparación con países cercanos como Lituania y Letonia. Se ha conseguido reducir el crimen. Estonia tiene ahora el euro, pertenece a la Unión Europea y a la OTAN, lo cual la hace más conectada que Finlandia, que no pertenece a la OTAN. A pesar de la crisis actual, ha conseguido la confianza de la Unión Europea". Y un deje orgulloso se nota en su voz: "El progreso en las tecnologías de la información ha sido sorprendente, es la nación mejor conectada a Internet de Europa".
Pero el pasado sigue ahí. En los mismos dos ámbitos: político-social y personal. "No ha sido fácil curar las heridas. Está mejorando, pero el pasado es complicado. Y lo es de maneras concretas. Por ejemplo, la frontera con Rusia todavía no está ratificada y la gran minoría de ciudadanos de Estonia que hablan ruso son un problema; bueno, ellos no, pero Rusia los está usando en su política exterior. Hace un momento decía que se ha reducido la corrupción, aunque la verdad es que cada tanto sale un asunto donde un político ha recibido un soborno de Rusia y eso genera mucha complicación".
El saqueo de las emociones y sus consecuencias son otra cosa. Como cuando un cuervo se va pero las ondas de su graznido se congelan. "A pesar de los problemas de la URSS y las víctimas, uno de los aspectos en el que estoy más interesada son los efectos mentales, es un sistema de lavado de cerebro. Incluso ahora...", y es cuando se lamenta de las heridas dejadas por el régimen. Calla, toma su penúltimo sorbo de capuchino y deja la taza donde el aire va devorando rápidamente la espuma adherida al cristal.
Puhdistus. Purga.
Los tiempos no acaban de sincronizarse.
El tiempo aún no ha devuelto a algunas palabras mancilladas su real significado.
"En los Estados bálticos, Igualdad es una palabra que aún suena sospechosa, mal, porque oficialmente en la época soviética todo el mundo era igual, pero no lo era. Por lo tanto, sigue sin haber confianza. Sucede lo mismo con la libertad de expresión. Es difícil explicar por qué hay que permitir que se expresen puntos de vista opuestos en defensa del derecho a la libertad de expresión. O por qué hay que proteger a las minorías. Hay cierta desconfianza y se sigue usando una frase antigua: 'Nunca se sabe".
Y aquel presente-futuro de la liberación, reconoce Oksanen, trajo consigo otros problemas, o los hizo visibles. "Cuando empecé no sabía que iba a escribir sobre tráfico de personas. Sí sabía que quería hablar sobre la violación como un crimen de guerra. Descubrí que esas víctimas de diferentes lugares y orígenes religiosos tenían experiencias parecidas. Supe que las víctimas de tráfico de personas tenían las mismas reacciones traumáticas que las de la violación en la guerra. Debía mostrar que incluso la llegada de la libertad no había sido igual para todos. Los países bálticos son muy jóvenes y no han podido desarrollar un Estado de bienestar, de manera que cuando aparece una crisis los golpea de manera brutal".
Toma el último sorbo del capuchino, que saborea hasta el fondo. Ahora sus reflexiones exploran las esclavitudes de la modernidad allí. "El materialismo es una de ellas. Mientras los finlandeses quieren ser dueños de su coche o apartamento, en Estonia lo que realmente importa es aparentar ser rico. ¡Deslumbrar! Los coches de marca y los apartamentos son todos alquilados y la ropa tiene más importancia que para los finlandeses". Hace una pausa para aclarar con un asomo de sonrisa que "Estonia ha atravesado tantos cambios y reformas del suelo que no es aconsejable comprar tierra porque nunca se sabe".
Y tras una sonrisa irónica, llega una frase seria ante la pregunta de la posición, oficialmente neutral, de Finlandia durante la época soviética. "No era realmente neutral. El periodo de la finlandización del efecto que la Unión Soviética tuvo sobre el país fue muy fuerte. Finlandia era independiente, pero todas las decisiones importantes las tenía que aprobar Rusia", y relata algunos episodios en los cuales Finlandia dio la espalda a los estonios. Ahora es distinto, "¡claro!". La relación es más estrecha. Además, muchas empresas finlandesas están presentes allá. Algo que, asegura la autora, debe relacionarse con el descenso de los niveles de corrupción. "Todo esto hace que Finlandia se considere como el hermano mayor de Estonia, y a ellos no les gusta que se les vea como a un hermano menor".
Sofi Oksanen abre un ejemplar en finés de Puhdistus. Se acomoda en el borde de la butaca, la mesita muestra en negativo su cara oculta por la novela, la taza de cristal porosa de espuma y la cucharilla que acoge una chispa de luz, y empieza a leer de manera cautivadora: "Pääskyset olivat jo menneet... Las golondrinas ya se habían marchado, pero las grullas cruzaban el cielo en formación y con los cuellos estirados. Su graznar resonaba por los campos y hacía que a Aliide le doliera la cabeza. Al contrario que ella, las aves eran... Toisin kuin hän, ne pääsivät posi, niillä oli vapaus lähteä...".
Es un sistema de lavado de cerebro. En Estonia aún podemos hallar huellas de esa mentalidad soviética, lleva años lograr que cambien aspectos del alma"
En los Estados bálticos, Igualdad es una palabra que aún suena sospechosa y es difícil explicar la libertad de expresión"
http://www.elpais.es/
LIBROS
Narrativa Anatole France
Los dioses tienen sed - La oscuridad de todos
Jésus Ferrero
22/02/2011
Foto – Grabado sobe La invención de la guillotina de la época revolucionaria
Narrativa. Anatole France (1844-1924) pensaba que la independencia del pensamiento era la más orgullosa de las aristocracias. "Por la boca muere el pez", debieron de pensar sus enemigos cuando por culpa de Los dioses tienen sed (título soberbio donde los haya) fue poco menos que expulsado de la historia de la literatura francesa.
Eran otros tiempos, pero el castigo caló hondo, y el olvido se fue abatiendo sobre Anatole France gracias a una novela que no duda en hacer, por primera vez en Francia, una autopsia fina, profunda y soberanamente irónica de algunos de los "artistas" que colaboraron en las matanzas revolucionarias porque se creían guiados por la conciencia de la historia y su luz suprema.
Y sin embargo, Pierre Michon en su espléndida novela Los once sigue acertadamente el camino de Anatole France y nos coloca delante de once intelectuales que van a pasar a la historia por las cabezas que cortaron más que por sus obras literarias. Proust admiró profundamente a Anatole France y su figura aparece camuflada tras el nombre de un escritor imaginario, y Pla dijo de él que ya no lo leíamos porque era demasiado perfecto, y ya no soportamos la perfección.
Estoy de acuerdo con Pla, y sobre todo después de haber leído Los dioses tienen sed, una novela que da más luz sobre la Revolución Francesa que todas las hagiografías que se han escrito y se siguen escribiendo sobre ella, por eso la reivindicó Kundera y en algún aspecto también Michon. Decía Anatole France: "La oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza con alguna pared, el ignorante permanece tranquilo en el centro de la habitación". Pues eso.
Los dioses tienen sed
Anatole France
Traducción de Luis Ruiz Contreras
Barril & Barral . Barcelona, 2010
235 páginas. 19,80 euros
http://www.elpais.es/
Narrativa Anatole France
Los dioses tienen sed - La oscuridad de todos
Jésus Ferrero
22/02/2011
Foto – Grabado sobe La invención de la guillotina de la época revolucionaria
Narrativa. Anatole France (1844-1924) pensaba que la independencia del pensamiento era la más orgullosa de las aristocracias. "Por la boca muere el pez", debieron de pensar sus enemigos cuando por culpa de Los dioses tienen sed (título soberbio donde los haya) fue poco menos que expulsado de la historia de la literatura francesa.
Eran otros tiempos, pero el castigo caló hondo, y el olvido se fue abatiendo sobre Anatole France gracias a una novela que no duda en hacer, por primera vez en Francia, una autopsia fina, profunda y soberanamente irónica de algunos de los "artistas" que colaboraron en las matanzas revolucionarias porque se creían guiados por la conciencia de la historia y su luz suprema.
Estoy de acuerdo con Pla, y sobre todo después de haber leído Los dioses tienen sed, una novela que da más luz sobre la Revolución Francesa que todas las hagiografías que se han escrito y se siguen escribiendo sobre ella, por eso la reivindicó Kundera y en algún aspecto también Michon. Decía Anatole France: "La oscuridad nos envuelve a todos, pero mientras el sabio tropieza con alguna pared, el ignorante permanece tranquilo en el centro de la habitación". Pues eso.
Los dioses tienen sed
Anatole France
Traducción de Luis Ruiz Contreras
Barril & Barral . Barcelona, 2010
235 páginas. 19,80 euros
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LIBROS
La otra guerra de los mundos
Jordi Costa
20/02/2011
Foto - Falsas portadas para el mítico single (inexistente) de Los Guardianes del Séptimo Sello realizadas por Nata. El grupo de pop psicodélico ficticio cambia la vida de los protagonistas de La invasión ha comenzado.
¿Pueden John Lennon o Confucio esclarecer la historia secreta de la psicodelia española? Sí, en la novela marciana de Pablo Pérez Almagro.
Guionista inseparable de Pedro Temboury, el rey de la serie Z del nuevo cine español, Pablo Álvarez Almagro, ha debutado como novelista con La invasión ha comenzado (Pepitas de Calabaza Ed.), un delirante trabajo donde el rock psicodélico, las altas personalidades de ultratumba y la amenaza extraterrestre se dan la mano en un sostenido recital lúdico.
Todo surgió durante una tormenta de ideas que tuve con Pedro Temboury, en busca de un nuevo proyecto de guión tras Kárate a muerte en Torremolinos", recuerda el autor. "Pedro quería hacer una película titulada Ellos robaron la picha de Hitler, inspirada en una canción de los Angry Samoans. Al final de esa reunión estábamos escuchando una canción de 13th Floor Elevators. El cantante de ese grupo, Roky Erickson, es un tipo muy loco que tomaba mucho ácido y que, un buen día, hizo una declaración jurada diciendo que los venusianos estaban invadiendo su cuerpo. Se nos ocurrió aplicar esa idea a un músico español de los años sesenta y elaborar una historia en la que esa obsesión paranoica resultaba ser verdad. Al final rodamos Ellos robaron la picha de Hitler, pero esta idea quedó escrita en un papel. Cuando, en el año 2008, me quedé en paro, decidí convertirla en novela".
En La invasión ha comenzado, el legado de Los Guardianes del Séptimo Sello, un grupo de pop psicodélico, cambia las vidas de tres amigos. Perseguidos por misteriosos hombres de negro y con Calixto Tótem, el enajenado líder y superviviente de Los Guardianes, como particular pasaporte a la locura, Berta, Álvaro y Alberto asistirán a una frenética puesta en cuestión de los fundamentos de la realidad. "En mi novela, la ciencia-ficción está al servicio del puro disparate: plantas que transforman a la gente en caniches, drogas que te transportan al más allá y te permiten hablar con los muertos, dioses ridículos...", señala Pablo Álvarez Almagro.
Pasar del guión de cine a la novela parece haber liberado al autor en dos aspectos fundamentales: ni el presupuesto ni el casting son ahora un problema. Así, junto a espectaculares escenas dignas de un Michael Bay bufo, el reparto convoca a un John Lennon resurrecto y vegetal o a la mismísima criada gallega de Yoko Ono: "Quería rendir homenaje a la contracultura de los sesenta, pero con ironía, y por eso Lennon, la figura más icónica de la época, el líder espiritual, aparece caricaturizado. El caso de la criada gallega de Yoko Ono es real. Escuché en la radio una entrevista con quien fue criada de John Lennon y Yoko Ono en los setenta: una gallega que había publicado un libro titulado Viviendo con los Lennon. En el curso de la entrevista me quedó claro que esa mujer no solo no había escrito el libro habían contratado a un negro para la labor, sino que ni siquiera se lo había leído".
www.elpais.com/
La otra guerra de los mundos
Jordi Costa
20/02/2011
Foto - Falsas portadas para el mítico single (inexistente) de Los Guardianes del Séptimo Sello realizadas por Nata. El grupo de pop psicodélico ficticio cambia la vida de los protagonistas de La invasión ha comenzado.
¿Pueden John Lennon o Confucio esclarecer la historia secreta de la psicodelia española? Sí, en la novela marciana de Pablo Pérez Almagro.
Guionista inseparable de Pedro Temboury, el rey de la serie Z del nuevo cine español, Pablo Álvarez Almagro, ha debutado como novelista con La invasión ha comenzado (Pepitas de Calabaza Ed.), un delirante trabajo donde el rock psicodélico, las altas personalidades de ultratumba y la amenaza extraterrestre se dan la mano en un sostenido recital lúdico.
Todo surgió durante una tormenta de ideas que tuve con Pedro Temboury, en busca de un nuevo proyecto de guión tras Kárate a muerte en Torremolinos", recuerda el autor. "Pedro quería hacer una película titulada Ellos robaron la picha de Hitler, inspirada en una canción de los Angry Samoans. Al final de esa reunión estábamos escuchando una canción de 13th Floor Elevators. El cantante de ese grupo, Roky Erickson, es un tipo muy loco que tomaba mucho ácido y que, un buen día, hizo una declaración jurada diciendo que los venusianos estaban invadiendo su cuerpo. Se nos ocurrió aplicar esa idea a un músico español de los años sesenta y elaborar una historia en la que esa obsesión paranoica resultaba ser verdad. Al final rodamos Ellos robaron la picha de Hitler, pero esta idea quedó escrita en un papel. Cuando, en el año 2008, me quedé en paro, decidí convertirla en novela".En La invasión ha comenzado, el legado de Los Guardianes del Séptimo Sello, un grupo de pop psicodélico, cambia las vidas de tres amigos. Perseguidos por misteriosos hombres de negro y con Calixto Tótem, el enajenado líder y superviviente de Los Guardianes, como particular pasaporte a la locura, Berta, Álvaro y Alberto asistirán a una frenética puesta en cuestión de los fundamentos de la realidad. "En mi novela, la ciencia-ficción está al servicio del puro disparate: plantas que transforman a la gente en caniches, drogas que te transportan al más allá y te permiten hablar con los muertos, dioses ridículos...", señala Pablo Álvarez Almagro.
Pasar del guión de cine a la novela parece haber liberado al autor en dos aspectos fundamentales: ni el presupuesto ni el casting son ahora un problema. Así, junto a espectaculares escenas dignas de un Michael Bay bufo, el reparto convoca a un John Lennon resurrecto y vegetal o a la mismísima criada gallega de Yoko Ono: "Quería rendir homenaje a la contracultura de los sesenta, pero con ironía, y por eso Lennon, la figura más icónica de la época, el líder espiritual, aparece caricaturizado. El caso de la criada gallega de Yoko Ono es real. Escuché en la radio una entrevista con quien fue criada de John Lennon y Yoko Ono en los setenta: una gallega que había publicado un libro titulado Viviendo con los Lennon. En el curso de la entrevista me quedó claro que esa mujer no solo no había escrito el libro habían contratado a un negro para la labor, sino que ni siquiera se lo había leído".
www.elpais.com/
A indignação num
“best-seller”
A venda de "Indignai-vos!", de Stéphane Hessel, já ultrapassou os 500 mil exemplares. Aos 93 anos, este filósofo e antigo resistente faz um apelo ao envolvimento social e político em nome da emoção suscitada pelas injustiças.
Eric Aeschimann – Libération, Paris
05.02. 2011
Foto © Ulf Andersen
Um casal à volta dos sessenta, com ar de professores reformados, chega a correr mesmo em cima da hora de fechar: "Tem o livro de Stéphane Hessel?” "Está ali um monte deles”. Um grande suspiro de alívio: pelos vistos, tinham. Um outro livreiro conta que alguns clientes compram por atacado: "Levo dez, para oferecer aos meus amigos”. Esta cliente pergunta na caixa: "Para que associação reverte o dinheiro das vendas?"
.
Publicado há dois meses, Indignai-vos!, de Stéphane Hessel, teve um êxito fulminante:
500 mil exemplares vendidos,
dez edições e pedidos de tradução no mundo inteiro, da Turquia ao Brasil, da Polónia ao Japão.
Uma emoção coletiva
Sendo uma brochura de umas vinte páginas a três euros, este êxito não é tanto uma receita editorial milagrosa, mas sobretudo um fenómeno social. Da mesma maneira que trauteamos uma música e recomendamos um filme aos nossos amigos, Indignai-vos! cristaliza o espírito de uma época. Comprar esta brochura é um ato militante, um gesto de comunhão, a participação numa emoção coletiva. O objetivo, numa sociedade esgotada pelos altos e baixos da finança mundial e seus efeitos sociais, é encontrar palavras para dizer que a sociedade se ressente.
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Quando escreve: "A atual ditadura internacional dos mercados financeiros […] ameaça a paz e a democracia", Stéphane Hessel exprime um sentimento largamente generalizado com a autoridade que a sua história pessoal lhe dá.
,
Depois do fracasso do alter mundialismo, uma vasta franja de opinião procura um meio para dar a conhecer que não quer viver num mundo onde uns enriquecem ao mesmo ritmo a que outros empobrecem. Acabou de encontrar um. Embora os seus leitores reúnam diversos ativistas de esquerda, Stéphane Hessel assume claramente a herança social-democrata.
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Quanto ao resto, no seu texto, Hessel mantém uma grande moderação. Ao estabelecer uma comparação com a Resistência, pretende desde logo diversificar: "As razões para se indignar podem parecer atualmente menos claras, ou o mundo demasiado complexo. Quem manda, quem decide? Nem sempre é fácil distinguir as correntes que nos governam. Deixámos de ter contacto com uma pequena elite cujas atitudes compreendíamos claramente. É um vasto mundo, que sabemos bem ser interdependente."
.
E embora se coloque sob a autoridade do programa económico do Conselho Nacional da Resistência, não afirma conhecer soluções: "As propostas que figuram neste texto e os desafios que designo não são muito originais em si mesmos", reconhece.
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A indignação é por si só um valor?
Resta o título, Indignai-vos!, slogan eficaz, mas ambíguo. A indignação é a chave do compromisso, repete Hessel, eliminando outros motivos que pudessem conduzir à ação política: tomada de consciência, decisão racional, desejo de servir, amor à justiça, ou à verdade …
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Com este apelo à indignação, Hessel, infelizmente, alinha pelo diapasão de uma época dedicada ao espetáculo das emoções. A filósofa Hannah Arendt já havia analisado estes perigos ao provar como a "política da piedade", baseada na emoção suscitada pela miséria alheia, poderia prejudicar uma verdadeira "política da justiça". Será que uma "política da indignação" não irá correr o mesmo risco? Será a indignação por si só um valor?
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Houve uma época em que o sonho dos avant-gardes das artes e dos contestatários era chocar a burguesia: a indignação era assim uma reação de direita. De A Velha Senhora Indigna, um conto de Bertolt Brecht, eis que passamos assim ao "velho senhor indignado".
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BIOGRAFIA
O século XX num só homem
Stéphane Hessel publica Indignai-vos! no final de uma vida fabulosa, que abrange quase toda a História do século XX. Nascido em 1917, em Berlim, numa família de judeus (mas parcialmente convertida ao luteranismo), chega a França em 1925, naturaliza-se em 1937 e entra para a Normale Sup em 1939. Mobilizado, prisioneiro, consegue fugir e junta-se ao general De Gaulle, em Londres. Enviado para França, em 1944, é preso e deportado para Buchenwald, onde dissimula a sua identidade para escapar à forca. Foge mais uma vez, é capturado, salta de um comboio, junta-se aos soldados americanos…
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No dia da Libertação, entra para o Secretariado-Geral da ONU e participa na redação da Declaração Universal dos Direitos do Homem. Galardoado com o título de "Embaixador de França" pela esquerda, em 1981, dedica-se, na reforma, à luta pelos "sem papéis" (serviu de mediador por ocasião da ocupação da Igreja de São Bernardo, em Paris) e, mais recentemente, pelos palestinianos, associando-se inclusivamente à campanha de boicote aos produtos israelitas.
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Promovido a Grande Oficial da Legião de Honra, em 2006, Stéphane Hessel dá ares de velho senhor à moda antiga. Afável, sedutor, extremamente cortês, não há nada que mais o encante do que levantar-se da mesa no final de uma refeição e recitar Baudelaire ou Paul Verlaine. Mas também não menospreza o prazer da política: figurou, o ano passado, em posição não elegível, nas listas da Europe Ecologie, e continua a ser militante do PS – atualmente, apoia Martine Aubry [para as eleições presidenciais de 2012], de quem é amigo.
Alicia Giménez Bartlett
"Si Spielberg conociera el maquis, alucinaría"
Alberto Ojeda
18.01.2011
En la noche de Reyes se alzó con 67° edición del Premio Nadal con 'Donde nadie te encuentre'
Donde nadie te encuentre es la novela con la que Alicia Giménez Bartlett ha ganado el Premio Nadal (67° edición). Narra una historia brutal, clásica de la España rural de posguerra. La protagonista es una figura legendaria del maquis, La Pastora, una persona que fue escarnecida cruelmente como mujer y se vengó como hombre. Era un falso hermafrodita que se despojó de los vestidos, se enfundó pantalones y se echó al monte para hostigar a la Guardia Civil, de la que tanto resentimiento guardaba por sus abusos. Dice la leyenda que cometió 29 asesinatos, pero ninguno pudo probarse en los consejos de guerra en los que se le juzgó. La escritora manchega llevaba varios años con la intención de contar su historia. Pero en el Maestrazgo (sur de Cataluña), de donde Teresa Pla Messeguer (su nombre real) era natural, se había alzado un cerco de silencio en torno a su figura. Pero un buen día Giménez Bartlett encontró una biografía de más de 1.000 páginas de la maquis hermafrodita. En ese momento le entró la fiebre creativa: “Durante un año no paré de escribir”.
.Pregunta.- Acabar esta novela, que tanto se le ha resistido, imagino que le ha habrá producido una especial satisfacción, ¿no?
Respuesta.- La verdad es que sí. Cuando tuve por primera vez la biografía de la Pastora de José Calvo me entró un furibundo ataque creativo. Veía tantas posibilidades que durante un año trabajé como nunca no la había hecho, horas y horas... Significaba escribir sobre un tema que había pospuesto tantas veces que cuando puse el punto final me sentí muy bien.
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P.- ¿Puede decirse que la Pastora fue víctima como mujer y se vengo como hombre?
R.- Es una bonita interpretación. No lo había pensado así. Cuando estuvo en prisión le hicieron unos estudios médicos que aclaraban que se trataba de un falso hermafrodita. Genéticamente era un hombre. Desde joven vivió una crisis de identidad brutal, en medio de una España y rural y atrasada. Siempre estuvo marginada y sufrió constantes burlas. Hasta que entró en el maquis. Allí la trataron como a un compañero más.
P.- ¿Puede decirse que la Pastora fue víctima como mujer y se vengo como hombre?
R.- Es una bonita interpretación. No lo había pensado así. Cuando estuvo en prisión le hicieron unos estudios médicos que aclaraban que se trataba de un falso hermafrodita. Genéticamente era un hombre. Desde joven vivió una crisis de identidad brutal, en medio de una España y rural y atrasada. Siempre estuvo marginada y sufrió constantes burlas. Hasta que entró en el maquis. Allí la trataron como a un compañero más.
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P.- La leyenda dice que tiene 29 asesinatos a sus espaldas. ¿Mataba por resentimiento?
R.- Esas muertes nunca se pudieron demostrar ante los jueces, en los consejos de guerra en que se la juzgó. Aunque tampoco se demostró lo contrario: que no las cometió. Ella no entró en el maquis por convicción ideológica, sino por deseo de venganza. Rompió algunos palos en las cabezas de quienes se habían burlado de ella. Y a la Guardia Civil le tenía un fuerte odio, porque presenció muchos de sus abusos.
P.- La leyenda dice que tiene 29 asesinatos a sus espaldas. ¿Mataba por resentimiento?
R.- Esas muertes nunca se pudieron demostrar ante los jueces, en los consejos de guerra en que se la juzgó. Aunque tampoco se demostró lo contrario: que no las cometió. Ella no entró en el maquis por convicción ideológica, sino por deseo de venganza. Rompió algunos palos en las cabezas de quienes se habían burlado de ella. Y a la Guardia Civil le tenía un fuerte odio, porque presenció muchos de sus abusos.
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P.- ¿Qué valor representativo tiene de la época de la posguerra?
R.- Ella es protagonista de una de esas historias que sólo pueden ocurrir en España. Si Spielberg hubiera nacido aquí rodaría 400 películas cada semana con este material. Alucinaría. Sólo el planteamiento de unos hombres asilvestrados en la montañas vigilando a las patrullas de la Guardia Civil por los caminos es tan apasionante y tan cinematográfico...
P.- ¿Qué valor representativo tiene de la época de la posguerra?
R.- Ella es protagonista de una de esas historias que sólo pueden ocurrir en España. Si Spielberg hubiera nacido aquí rodaría 400 películas cada semana con este material. Alucinaría. Sólo el planteamiento de unos hombres asilvestrados en la montañas vigilando a las patrullas de la Guardia Civil por los caminos es tan apasionante y tan cinematográfico...
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P.- La trama la concentra en tres meses de 1956. ¿Por qué en ese periodo tan breve?
R.- Porque ese es el periodo en que la buscan dos personajes, no para denunciarla ni entregarla, sino por interés científico, uno, y por dinero, el otro. Su búsqueda en las montañas les depara muchas aventuras. Además, en esa fecha es cuando sale de su escondrijo, después de dos años sola en el monte, para ir a trabajar a Andorra.
P.- La trama la concentra en tres meses de 1956. ¿Por qué en ese periodo tan breve?
R.- Porque ese es el periodo en que la buscan dos personajes, no para denunciarla ni entregarla, sino por interés científico, uno, y por dinero, el otro. Su búsqueda en las montañas les depara muchas aventuras. Además, en esa fecha es cuando sale de su escondrijo, después de dos años sola en el monte, para ir a trabajar a Andorra.
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P.- ¿A qué achaca la omertá que existe en torno a su figura en el Maestrazgo?
R.- Ella les recuerda un pasado muy duro y el enfrentamiento civil. Además, imagino que no quieren que se les identifique con algo tan truculento.
P.- ¿A qué achaca la omertá que existe en torno a su figura en el Maestrazgo?
R.- Ella les recuerda un pasado muy duro y el enfrentamiento civil. Además, imagino que no quieren que se les identifique con algo tan truculento.
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P.- ¿Diría que es una novela negra?
R.- No según el sentido clásico del género. Pero por deformación profesional sí he mantenido el suspense a lo largo de la narración para llevarla a un final con sorpresa.
P.- ¿Diría que es una novela negra?
R.- No según el sentido clásico del género. Pero por deformación profesional sí he mantenido el suspense a lo largo de la narración para llevarla a un final con sorpresa.
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P.- ¿Cree que la concesión del Nadal ampliará la valoración de su obra, quizá demasiado centrada en su saga de Petra Delicado?
R.- Quizá sí, pero te advierto que no reniego para nada de mi faceta negra. Gracias a Petra Delicado tengo un contacto muy fácil con mis lectores, que casi la consideran de la familia. El mundo de la novela negra está tan desacralizado que es muy agradable. Nos juntamos por ahí, en festivales, y nos pegamos buenos whiskazos. No quiero renunciar a eso por ser una escritora más selecta.
P.- ¿Cree que la concesión del Nadal ampliará la valoración de su obra, quizá demasiado centrada en su saga de Petra Delicado?
R.- Quizá sí, pero te advierto que no reniego para nada de mi faceta negra. Gracias a Petra Delicado tengo un contacto muy fácil con mis lectores, que casi la consideran de la familia. El mundo de la novela negra está tan desacralizado que es muy agradable. Nos juntamos por ahí, en festivales, y nos pegamos buenos whiskazos. No quiero renunciar a eso por ser una escritora más selecta.
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P.- Al recoger el premio le hizo un bonito guiño a Ana María Matute...
R.- Es una gran escritora y también es nada solemne. En las entrevistas que le hacía tras el Cervantes casi nunca hablaba de ella; hablaba de los autores que le gustan, de los restaurantes donde se comen bien... Es sencilla y generosa, y eso hay que aplaudirlo siempre.
P.- Al recoger el premio le hizo un bonito guiño a Ana María Matute...
R.- Es una gran escritora y también es nada solemne. En las entrevistas que le hacía tras el Cervantes casi nunca hablaba de ella; hablaba de los autores que le gustan, de los restaurantes donde se comen bien... Es sencilla y generosa, y eso hay que aplaudirlo siempre.
.www.elpais.es
El turbulento Territorio Highsmith
Rosa Mora
08.01.2011
La biografía de la creadora de Tom Ripley, escrita por Joan Schenkar, es dura y sin concesiones. El libro provoca la necesidad urgente de volver a leer las novelas y relatos de una autora singular que "no veía el mundo como lo hacían los demás"
Si usted ha leído con atención cualquiera de estos libros, Extraños en un tren, Carol, El talento de Mr. Ripley, El cuchillo, El grito de la lechuza, Mar de fondo o Ese dulce mal, ha obtenido la nacionalidad del Territorio Highsmith, afirma Joan Schenkar, autora de Patricia Highsmith.
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Son las novelas más perturbadoras del siglo XX. "No veía el mundo como lo hacían los demás y desarrolló un mundo alternativo: el Territorio Highsmith", escribe Schenkar. Hay que adentrarse en él para comprender a esta mujer nada convencional y su obra singular.
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El Territorio Highsmith empezó a configurarse el mismo día de su nacimiento, el 19 de enero de 1921 en Fort Worth (Tejas), en la casa de huéspedes de su abuela. Hacía nueve días que su madre, Mary Coates, se había divorciado de su padre biológico, Jay Bernard Plangman. Ambos eran ilustradores, como lo fue el segundo marido de Mary, Stanley Highsmith. Plangman presionó a Mary para que abortara. Accedió a regañadientes, bebió trementina y no pasó nada. Decidió dejar al marido y tener al bebé.
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Mary Coates convirtió esta historia en una broma para su hija. "Nació fuera del matrimonio", pero "era legítima". O "es curioso que te encante el olor de aguarrás". Patricia no lo soportaba y desarrolló una relación de amor/odio con su madre que duraría toda la vida. Tres semanas después del nacimiento, Mary se fue a Chicago para trabajar. La niña se quedó más de seis años con su abuela.
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A los tres años y medio, conoció a Stanley Highsmith. Fue odio a primera vista. Los continuos traslados de sus padres, las idas y venidas de Fort Worth, según las circunstancias económicas, no mejoraron las cosas. Tuvo siempre un sentimiento de abandono.
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"Desde muy pequeña aprendí a vivir con un intenso odio que me hacía tener sentimientos asesinos", escribió.
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Otro factor que contribuyó al Territorio Highsmith fue su homosexualidad. Escribió que a los 12 años sentía que era un chico en un cuerpo de chica. Pat se sentía culpable de su homosexualidad y tanto a ella como a su madre les parecía algo espantoso, las avergonzaba.
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Estudió filología inglesa en el Barnard College, la división femenina de la Universidad de Columbia, donde se licenció en 1942. Su afición al alcohol se inició al final de la adolescencia y se agudizó en la veintena. Bebía desde que se levantaba hasta que se acostaba. Vodka, ginebra y cerveza por la mañana y whisky el resto del día. Bebía, dijo, para canalizar la energía creativa que le fluía con una fuerza aterradora. Nunca tenía resaca.
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Leía desde los cuatro años y entre los 10 y los 14 leyó Crimen y castigo, de Dostoievski; Los falsificadores de moneda, de André Gide, y La mente humana, de Karl Augustus Menninger, que fue fundamental en su obra. En Barnard escribió sus primeros relatos, que publicó en la revista del colegio, aunque alguno fue rechazado por ser demasiado perturbador.
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La década de los cuarenta fue una locura para Highsmith. Acudía a todas las fiestas, le bullían las ideas, saltaba de amor en amor, le encantaba romper parejas y entre el éxtasis y la depresión era cuando mejor escribía. Era atractiva para los hombres y seductora para las mujeres.
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Highsmith dejó un legado de 8.000 páginas en el que destacan sus 38 cuadernos, que son un semillero de ideas para sus novelas y relatos. En los 18 diarios, habla de su vida más personal. Gruesos álbumes con recortes de diarios, una voluminosa correspondencia y una enorme cantidad de textos. Todo, así como sus muebles y objetos, están depositados en los Archivos Suizos de Berna. Schenkar (Seattle, Washington, 1952) los ha consultado exhaustivamente y aporta otro material proporcionado por amigos, familiares, amantes, fotógrafos y cineastas. "El largo testimonio es mucho más revelador que cualquier cosa que haya dicho o escrito".
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Highsmith no revela en sus diarios ni en sus cuadernos que durante siete años fue guionista de cómics. Siempre firmó con seudónimo. Se sentía avergonzada. Primero, trabajó para Sengor-Pine, donde colaboró en Terror negro, y luego para Timely Comics (luego Marvel), donde hizo guiones de Matajaponeses Johnson. Sí aparecen sus obsesiones en diarios y cuadernos: sus reflexiones sobre Jesucristo y un tema que aparece recurrentemente son las dudas sobre sí misma. "Me preocupa la sensación de ser varias personas (...) No me sorprendería en absoluto si en mi madurez me volviera esquizofrénica". "Creo que tengo algunas tendencias esquizoides que hay que Observar (sic). Me asusta la locura que tengo dentro, muy cerca de la superficie".
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Estos pensamientos, la idea del doble, se reflejan en su obra. Muchos de sus personajes cuando llegan a un punto máximo de tensión cambian de identidad, como Tom Ripley, que asesina a Dickie Greenleaf y adopta su personalidad en El talento de Mr. Ripley o el David Keley de Ese dulce mal, que por amor a una mujer cambia de identidad.
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El amor fue siempre para ella una mezcla estimulante de placer y dolor. El paradigma fue Ellen Hill, una inteligente socióloga muy dominante, que conoció en 1951. Vivieron peleas tremendas, Ellen intentó suicidarse dos veces y fue una fuente de inspiración constante. Rompieron a los cuatro años, pero siguieron relacionándose hasta 1988. Pero, quizá el gran amor de su vida fue Caroline Bestermann (seudónimo), que tenía un matrimonio estable y vivía en Londres. La conoció en 1962 y se enamoró ciegamente. "Se derrite en mis brazos como si Vulcano la hubiera fundido expresamente para ello. Puedo pasarme toda la noche haciendo el amor con ella", escribió en su diario. Para estar más cerca de ella, compró una casa en Suffolk. Rompieron en 1966.
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También tuvo relaciones con hombres: con el fotógrafo Rolf Tietgens, "una experiencia no del todo exitosa"; con el escritor Arthur Koestler que tampoco funcionó, y con el escritor Marc Brandel, al que conoció en Yaddo, la colonia de artistas de Saratoga Springs (Nueva York), donde Highsmith pasó ocho semanas recomendada por Truman Capote. Brandel le pidió que se casaran y ella se lo tomó tan en serio que acudió a una psicoanalista, para ver si podía "normalizarse sexualmente". La trató como un caso patológico y fue un fracaso.
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Highsmith apenas comía, aunque bebía mucha leche (en sus últimos tiempos sólo se alimentaba de cerveza y pasta de cacahuetes), era una fumadora empedernida y anotaba cuidadosamente todos los detalles de sus enfermedades. Murió en el hospital de Locarno (Suiza), en febrero de 1995, a causa de dos enfermedades simultáneas, anemia aplásica y cáncer.
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A los 22 años, Highsmith escribió: "No deja de venirme a la cabeza que lo esencial de la novela es el individuo que se siente desplazado en este siglo". Por una razón u otra todos sus personajes son desplazados, que como ella misma, pertenecen al Territorio Highsmith. La lectura de esta biografía, dura y sin concesiones, tiene un efecto positivo: la necesidad urgente de volver a leer las novelas y relatos de Highsmith.
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Cuando tenía 26 años escribió un premonitorio brindis de Año Nuevo: "Brindo por todos los demonios, por las lujurias, pasiones, avaricias, envidias, amores, odios, extraños deseos, enemigos reales e irreales, por el ejército de recuerdos contra el que lucho: que nunca me den descanso". Bienvenidos al Territorio Highsmith.
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Patricia Highsmith. El talento de Miss Highsmith. Joan Schenkar. Traducción de Clara Ministral. Circe. Barcelona, 2010. 767 páginas. 29 euros.
Se inaugura en Colombia la 'Ruta de Macondo', un recorrido por la tierra natal del Nobel de Literatura
28.12.2010
Autobuses climatizados en los que también se puede comer y bailar recorrerán, a partir de este martes, los 70 kilómetros que separan Santa Marta, en el norte de Colombia, y la ciudad de Aracataca, tierra natal del premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez.
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La Ruta de Macondo, como se denomina al itinerario, discurre a lo largo de una carretera que mira, de un lado, una inmensa mole de montañas, la Sierra Nevada de Santa Marta, y del otro, el mar Caribe. "Es como un viaje hacia el pasado para llegar a Macondo", ha explicado Sandra Pubiano, gerente de la oficina de proyectos del Departamento del Magdalena, del que Santa Marta es capital.
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El recorrido llevará a los turistas a la Gran Estación, El Camellón de Los Almendros, la Biblioteca Remedios La Bella, la Casa del Telegrafista y finalmente, la casa de Gabo, donde se pueden "palpar las semblanzas del pasado, la descomunal historia del Nobel y su vida singular".
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En la ruta inaugural del tour a la tierra del autor de Cien años de soledad participarán los operadores turísticos, hoteleros y personal de las agencias de viaje. Además, en la próxima feria internacional de la Asociación de Agencias de Turismo, en febrero de 2011, se informará en detalle de esta peculiar iniciativa.
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El propio García Márquez rememora en su autobiografía Vivir para contarla un viaje a Aracataca, cuando acompañó a su madre a vender la casa. En la ruta por ferrocarril, dice el autor, "cada río tenía su pueblo y su puente de hierro por donde el tren pasaba dando alaridos, y las muchachas que se bañaban en las aguas heladas saltaban como sábalos a su paso para turbar a los viajeros con sus tetas fugaces". .
El plan con transporte incluye un recorrido cultural por los municipios de la Zona Bananera y Aracataca y paseos en bicicletas taxi para conocer Macondo, sus calles y los lugares de la infancia del más importante escritor colombiano y el espacio físico de buena parte de su obra.
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Pedro Bonilla, el gerente de la Corporación Tayorona, dedicada al turismo regional, ha declarado que aspira a que la apertura al público de la Ruta de Macondo alcance a los turistas internacionales de los cruceros que atracan en Santa Marta.
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