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CINE


Hacia un cine coreográfico


Cisne negro, de Darren Aronofsky y con Natalie Portman, es un sofisticado ejercicio de terror sobre El lago de los cisnes. Wim Wenders estrena en Berlín su filme sobre Pina Bausch en 3D

Omar Khan
22/02/2011
Foto - Cisne Negro –Darren Aronofsky



Hace ya diez años, una película curiosa e inusual retaba la sensibilidad de miles de espectadores en el planeta. Billy Elliot (Stephen Daldry, 2000) reblandecía corazones duros con una historia que desdeñaba todos los clichés de las películas de danza al uso insertándose dentro de la contundente corriente británica de cine social puesta en boga por creadores como Ken Loach o Mike Leigh, y llevada a los extremos de la popularidad por la ácida comedia Full Monty (Peter Cattaneo, 1997). La ingeniosa y emocionante historia de un adolescente que quiere bailar, siendo el hijo de un obrero en un deprimido barrio británico, huía con su original enfoque del manido relato acerca de los sufrimientos que conlleva la danza para ubicarse, mucho antes, en el terreno de la ilusión y la lucha contra los elementos que debe entablar un chico, bailarín improbable, que se siente llamado por la danza.





El secreto de Billy Elliot radicaba en que no era explícitamente lo que conocemos como una película de danza. Tampoco era un musical, aunque años más tarde fuera adaptada para los escenarios del West End londinense, donde todavía se puede ver. Era más bien una historia de la vida, en la que la danza tenía cierto protagonismo y servía como desencadenante de las acciones. Es exactamente lo mismo que le sucede a Cisne negro, que se estrena el próximo viernes y que aunque se ubica en las antípodas de Billy Elliot, coincide en que se despliega desde un género cinematográfico que le parece ajeno. Porque la nueva película de Darren Aronofsky, cineasta ya inquieto que propinó títulos de indudable interés como la enigmática Pi o la desasosegante Requiem for a Dream, es un sofisticado ejercicio de cine de terror que, casi rozando el gore, intenta hacerse preguntas inesperadas, impertinentes y oscuras acerca de El lago de los cisnes, probablemente el ballet más famoso de la historia, mil veces calificado como bello. Sin embargo, no es tan bello desde la óptica del joven cineasta norteamericano que se fija obsesivo en la dualidad de la protagonista e intenta decirnos que detrás del bondadoso y sacrificado cisne blanco, siempre está agazapado y al acecho un cisne negro, el bicho oscuro que todos llevamos dentro. Lo ilustra con el dilema de una bailarina, interpretada con acierto por Natalie Portman, que consigue hacerse con el papel central de la producción de El lago de los cisnes en la compañía en la que lleva años esforzándose. Es perfecta, en técnica e interpretación, para el cisne blanco pero no puede con el negro. Acosada por una madre obsesiva (Barbara Hershey), instigada por un coreógrafo histérico (Vincent Cassell a la manera Diaghilev) y amenazada por una nueva compañera de trabajo (Mila Kunis), se lanza a buscar en su propia interioridad su lado más oscuro. Y no tarda demasiado en dar con él. Tensa y claustrofóbica, inquietante y perturbadora, Cisne negro intenta cimentar y propiciar una nueva relación entre danza y cine, al menos una diferente, una que no es esclava de los códigos del musical.

Cisne negro y Billy Elliot son notorias porque suponen intentos del cine masivo por ofrecer alternativas distintas e innovadoras a las posibilidades infinitas que ofrece la danza al cine. No obstante, tampoco son únicas y desde un cine artístico y de autor, más minoritario, lo que va de siglo ofrece un auténtico abanico de innovaciones, que cruza desde el prodigioso filme-ballet canadiense Dracula: Pages of a Virgin Diary (Guy Maddin, 2002, ganadora del Festival de Sitges), una película fascinante que vuelve sobre la historia del célebre vampiro de Bram Stocker convertida no solamente en ballet sino en sofisticado homenaje al cine mudo, hasta la reinvención del género documental que supone la novísima La Danza, categórico título que otorga el destacado realizador Federick Wiseman al resultado de su inmersión durante nueve meses en las entrañas del Ballet de la Ópera de París. Recién estrenada en España esta película también, a su manera, huye de todo convencionalismo en lo que se refiere a documentales de danza. Bajo lo que el mismo autor llama "cine objetivo" aparecen un puñado de secuencias, sin aparente orden ni concierto, sin voz en off que oriente y guíe, sin saber con exactitud quiénes son los que desfilan por pantalla, que van acercando al espectador a lo que ocurre la noche del estreno, lo que pasa en los ensayos y oficinas, lo que hay tras el telón, lo que hay delante y lo que hay a los lados. Las reuniones secretas, el movimiento en taquilla, los fanáticos, las galas benéficas de suculentas cenas y las comidas descoloridas de los bailarines en el comedor. Podría ser un aburrimiento mortal, pero desde el montaje, el realizador va armando con habilidad artesana un retrato fascinante, no siempre complaciente ni deslumbrante, de una de las más grandes compañías de ballet del mundo. Al final, es al espectador al que le toca sacar conclusiones.

La fallecida creadora alemana Pina Bausch (1940- 2009), a quien por cierto vemos trabajando con los bailarines de la Ópera de París en el documental de Wiseman, fue una gran aficionada al cine, siempre creyó en las posibilidades de plasmar su danza en pantalla. Fue actriz a las órdenes de Federico Fellini, en Y la nave va (1983), dejó caer a Almodóvar con su cámara en funciones de sus coreografías Café Muller y Masurca Fogo, para su película Hable con ella (2002), y ella misma fue directora de un filme de danza, El lamento de la emperatriz (1990). En 2008 permitió que la realizadora alemana Anne Linsel hiciera un seguimiento al proceso de montaje de su pieza Kontakthof con una veintena de adolescentes, de donde salió el curioso documental Tänzträume (ambos, la película y el espectáculo han sido vistos en Barcelona recientemente). Pero la vida no le llegó a Pina Bausch para poder ver su más ambiciosa incursión en el cine: el filme experimental Pina que, en homenaje a ella, a su compañía y a su obra, rodó en tecnología 3D el destacado realizador Wim Wenders (El cielo sobre Berlín, Buena Vista Social Club), que se estrena mañana (en competición) en el Festival de Berlín, evento que el año pasado ya acogió el documental de Linsel. Pina promete ser una revolución en cuanto a la relación danza y cine. No solamente por incorporar y permitir la experiencia de la danza en tercera dimensión, un filón todavía virgen, sino por su manera de presentarlo a la audiencia. Rodado en la ciudad alemana de Wuppertal, donde reside la compañía, Wenders ha trasladado fragmentos de sus coreografías más conocidas a exteriores, a escenarios naturales y urbanos, que redimensionan los originales y crean un nuevo ámbito, estrictamente cinematográfico, para esas acciones escénicas, con frecuencia desgarradas y casi siempre poéticas y evocadoras. De forma tal que la entrada de la segunda década del siglo trae con Black Swan, La danza y Pina novedades relevantes en cuanto a la usualmente complicada y no siempre bien comprendida relación que se puede establecer entre danza y cine.

Entretanto, se siguen produciendo películas comerciales que, con mayor o menor tino, siguen de cerca la tradición y parámetros de la "película de danza". Basada en un personaje real, El último bailarín de Mao (Bruce Beresford), recientemente estrenada, encaja perfecta, en tanto que no deja de transitar por manidos tópicos sobre las relaciones entre China y Occidente en general y entre la danza y sus sacrificios en particular. En solitario, pero cada vez más seguro y eficaz, Carlos Saura sigue dándole vueltas a las posibilidades cinematográficas y estéticas del cante y baile en su reciente Flamenco, Flamenco, al tiempo que el Hollywood del glam sigue produciendo, cada vez con más frecuencia, películas propias o basadas en musicales de Broadway, que reafirman la hegemonía norteamericana del musical, género que les pertenece.

Aunque sigue siendo básicamente un cine de fórmula, a inicios de este siglo hubo un repunte importante del género musical en el cine comercial, que de repente también se vio sacudido por el espíritu de la innovación, básicamente con dos películas totalmente diferentes que fueron sonados éxitos masivos: Moulin Rouge (Baz Luhrmann, 2001), una extravaganza fuera de cualquier clasificación, y la adaptación al cine del musical de Bob Fosse Chicago (Rob Marshall, 2002) que, con sus seis oscars, abrió la veda del trasvase de los musicales de Broadway a la gran pantalla. Estos repuntes taquilleros fortalecieron un género que parecía dormido y olvidado. Y desde entonces, no han faltado en las carteleras. No importa si fallan como la reciente Burlesque, auténtico cúmulo de tópicos, o las decepciones de taquilla Nine, Mamma mia o Los productores. Ellos siguen adelante siempre aguardando por las nominaciones y soñando con su taquillazo. La prueba fehaciente del resurgir del musical está en que ahora mismo se cuecen en la industria un buen puñado con estrenos previstos para años sucesivos. Entre ellos habría que destacar la superproducción Cleo (2012), en la que un cineasta de envergadura como Steven Soderbergh hace su incursión en el musical convocando a la misma Catherine Zeta-Jones de Chicago, para cantar y bailar como la reina Cleopatra; Damn Yankees, con Jim Carrey y Jake Gyllenhaal; una versión en clave musical de El color púrpura y varios remakes (Ha nacido una estrella, dirigida por Nick Cassavetes, Sunset Boulevard, My Fair Lady, Footloose o The Rocky Horror Picture Show), así como varias adaptaciones de musicales de Broadway, entre los que se encuentran en proceso Los miserables, Miss Saigón, Wicked, Spring Awakening, con coreografía del reputado coreógrafo Bill T. Jones, Jersey Boys, y una nueva vuelta de Yellow Submarine, el musical animado de los Beatles, en una versión también animada y en 3D, que prepara Robert Zemeckis.


Tensa y claustrofóbica, inquietante y perturbadora, 'Cisne negro' intenta propiciar una nueva relación entre danza y cine


Cisne negro, de Darren Aronfosky, se estrena el próximo viernes en España. Pina, de Win Wender, se proyecta mañana en la Berlinale.

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Sozinha em palco é "o momento da perfeição"
27.01.2010

Estar sozinha em palco é "o momento da perfeição", do encontro entre coreógrafa e intérprete que Olga Roriz vai repetir quinta-feira na estreia mundial de "Electra", personagem forte, a viver um tempo de espera.

"É uma mulher que está à espera. O tempo não existe para ela, não é doloroso esperar, são outras coisas que doem. Para mim, agora, é a ansiedade"..
Que antecede a subida ao palco para interpretar este espectáculo no Teatro Camões, em Lisboa, inserido na programação da Comissão Nacional das Comemorações do Centenário da República.

Não é a primeira vez que Olga Roriz se inspira num personagem mitológico - "Isolda" e "As Troianas" fazem parte desse imaginário universal que também verteu em coreografias - com uma "grande riqueza e complexidade", disse numa entrevista.

"Electra" não narra a história desta personagem da mitologia grega - filha de Agamemnon e da rainha Clitemnestra - mas é inspirada nos seus complexos contornos.

Olga Roriz chama-lhe uma "mulher tripolar", devido à quantidade de facetas que apresenta.
Personagem principal de uma peça homónima de Sófocles e outra criada por Eurípides, Electra é uma mulher amargurada e impulsiva, levada mais pela fúria do que pela maldade.
Convence o irmão - Orestes - a assassinar a mãe, vingando a morte do pai.

O termo "complexo de Electra" é usado na psicanálise como equivalência feminina do complexo de Édipo, para designar o desejo da filha pelo pai, e tem inspirado, ao longo dos tempos, diversos criadores do cinema, literatura e teatro.

Já "tocada" pela personagem, Olga Roriz leu "tudo que havia para ler" sobre Electra, e, finalmente, já com esta mulher "dura e forte" dentro de si, colocou todo o material de parte e entrou em estúdio para a construir à sua maneira.

"Não foi difícil, as coisas saíram com grande facilidade. Esta Electra estava colada a mim. Não houve momentos dolorosos, de procura, sem saber para onde ir", contou a criadora, nascida há 54 anos em Viana do Castelo e com uma carreira de mais de trinta anos.

Considerada uma coreógrafa revolucionária na história das últimas décadas da dança em Portugal, estudou com Margarida Abreu e Ana Ivanova, ingressou na Escola de Dança do Conservatório Nacional de Lisboa.

Tornou-se primeira bailarina do Ballet Gulbenkian, onde foi depois convidada para coreógrafa, vindo a criar a própria companhia em 95.

"Electra" tem dramaturgia, selecção musical e figurino de Olga Roriz e Paulo Reis, direcção de ensaios e cenografia de Paulo Reis, desenho de luz de Clemente Cuba e pós-produção áudio e desenho de som de Sérgio Milhano.

O espectáculo a solo de Olga Roriz estará no Teatro Camões, em Lisboa, nos dias 28, 29, 30 e 31 de Janeiro, e no Teatro Nacional de São João, no Porto, dias 04, 05, 06 e 07 de Fevereiro.

"A Sagração da Primavera" de Olga Roriz

por Vanda Marques
28.05.2010
"A Sagração da Primavera" da coreógrafa portuguesa chega ao palco

Uma talhada de melão e entrevistas. Este tem sido o almoço de Olga Roriz nos últimos dias. No único tempo livre que tem, entre ensaios com os bailarinos e testes de luz, recebe-nos no seu camarim no Centro Cultural de Belém, em Lisboa. Está sozinha, a talhada de melão ainda tem o papel de celofane à volta, e maquilha-se com blush e sombras Channel. "A seguir tenho uma entrevista para a televisão", explica. A nossa hora acaba quando batem à porta.. Outro jornalista, entenda-se. Mas ainda há tempo para desvendar algumas novidades d'"A Sagração da Primavera" coreografada por Olga Roriz, recordar a criança de 2 anos que era uma pequena diva no alto de uma cadeira e falar da bailarina, de 54 anos, mais de 30 a dançar, que está apaixonada.

Não queria fazer "A Sagração da Primavera". Como se sente agora nas vésperas de estrear?
Depois de fazer, está feito. Deixem-me ir embora... (risos) Mas foi muito bom. Decidi fazê-la quando já não tinha tantos sustos na cabeça. Esta música é genial. Assustavam-me com as contagens, com a dificuldade de a coreografar, mas foi uma musa inspiradora. Fiz a peça em cerca de duas semanas e meia. Os bailarinos até tinham dificuldade em apanhar-me. Pediam-me para ter calma, mas eu tinha de continuar, porque aquilo estava a sair de uma golfada, com uma força só. Não me convinha parar e ensaiar.

Como é a sua "Sagração"?
A nível de história, fui muito fiel ao guião de Stravinsky, mas o sábio passou a ter um papel de protagonismo, como o mentor deste ritual e a eleita não é uma vítima. Ela sente-se uma privilegiada que quer chegar ao objectivo para que foi destinada. Quer morrer, desfalecer ou dançar até não poder mais. É uma luta insana contra o cansaço, entre o riso, o choro, o esgar, que lhe dá imensa carga dramática.

Foi fácil escolher a eleita?
Acho que na audição já tinha escolhido a Marta Lobato Faria e o Jácome Filipe para o sábio. A Marta tinha duas coisas muito interessantes, estava prestes a sair ou prestes a ser a Eleita. Ela é especial.

Quando "A Sagração da Primavera" se estreou pela primeira a 29 de Maio de 1913 chocou o público. Porquê?
As pessoas foram para uma noite de ballet clássico e encontraram uma coisa completamente diferente, uma ruptura com o que tinha sido feito até então. Os cenários, os figurinos, a postura, tudo... Aquela música devia parecer horrível, umas panelas... Ainda hoje em dia, tem umas partes... Há uma que não gosto muito, mas quem sou para estar a dizer mal de uma parte da música de Stravinsky. É um bocadinho dura.

Fica nervosa antes dos espectáculos?
Não. É uma adrenalina, uma excitação. Sou perfeccionista e não gosto de pessoas que não estão a 300% quando se está a uns dias da estreia. Qualquer coisa que corre mal por negligência começo aos gritos. Também pode ser assim, como estou a falar agora (baixa o tom da voz), e arraso uma pessoa. Estar 30 minutos à espera de um técnico quando só temos uma hora para as luzes todas, é injusto.

Como acha que o público vai reagir?
Já tive tantas pessoas a ver os ensaios, críticos, jornalistas, amigos desta área e entenderam a peça. Os mais frios, como o Paulo Reis, com quem fiz "Electra", só me veio dar as correcções, mas depois mandou-me uma mensagem: "Gostei muito". Para ele me dizer isto... Nunca me disse na vida. Talvez uma vez.

Sofre com o que público pode achar?
Claro. Não sou assim tão snob, tão "full of myself".

Quando começou a dançar não ficava tensa?
Não. Dois minutos antes tinha um ataque de adrenalina, o coração batia rápido, depois passava. O palco é onde quero estar.

Sempre foi assim?
Sempre gostei de me expor. No meu quarto, subia para uma cadeira, ligava o rádio e punha a família a ver, todos sentadinhos. O meu pai, chorava, a minha mãe ficava histérica e a minha irmã dizia: "lá está ela a fazer de diva". (risos) Isto com dois ou três anos.
Começou a dançar muito cedo, com uma disciplina rigorosa. Não era difícil na adolescência?
Não. Eu adorava fazer um plié. Estava no São Carlos e em vez de ler os contos de fadas, estava dentro de um. Punha o vestidinho da princesa e ia ver os príncipes. Era lindo.

Mas a sua professora Anna Ivanova era muito rigorosa?
Sim. Se chegássemos atrasados três minutos, não fazíamos aula ou se uma fitinha da sapatilha estava suja, fora da sala. Era uma disciplina a vários níveis. Mas penso que era rigorosa sobretudo pelo exemplo que dava. Estive com ela dos 8 aos 18 anos e a senhora não faltou um único dia.

Mas era duro?
Não me lembro de sofrer. Só queria dançar. A sensação que tenho é que nunca sonhei em ser bailarina, já o era. Houve uma altura, digo isto muitas vezes mas é verdade... Era miúda e disse à minha mãe que as bailarinas é que fazem as suas danças. Ela respondeu que não, isso era um coreógrafo. Nem conseguia dizer a palavra, mas já sabia o que queria ser.

Disse que não tinha o melhor dos corpos para bailarina?
Não tinha pernas altas como uma bailarina clássica deve ter. As coxinhas das portuguesas... Mas na contemporânea isso já não faz sentido. Só devia ter cuidado e não engordar.
[Recebe um SMS. "Deixe-me só ver." Faz um silêncio, ri-se sozinha e diz: "Estou apaixonada, desculpe lá. Ai, o calor. Faz um mês no dia 29. Foi no dia mundial da dança."]

Era uma luta constante?
A comer ovos cozidos, maçãs e iogurtes todo o dia, durante meses. E eu que gosto muito de comer. É um sacrifício, mas é por uma boa causa.

Depois deste espectáculo, quais são os seus projectos?
Tenho de descansar a cabeça, mas vou estar em digressão com "A Sagração" e "Electra". Em Julho tenho um projecto musical com a Aldina Duarte, no Teatro São Luiz e até Novembro tenho de montar o último filme que dirigi "Interiores". Depois gostava de descansar com o meu amor.